martes, 24 de abril de 2007

ECOALDEAS EN LA CIUDAD

Huerto Urbano

El movimiento de ecoaldeas está arraigando con fuerza en el mundo. La Red Global de Ecoaldeas (GEN: Global Ecovillage Network) tiene más de 15.000 afiliados en todo el mundo.

Por José Luis Escorihuela (Ulises)

En los países del Sur, donde todavía mucha gente vive en pequeñas comunidades, que son ecoaldeas de hecho, el objetivo principal del GEN es ayudar a estas personas a resistir la influencia de la occidentalización, que supone un mayor consumo de tecnología extranjera y el aumento de la deuda, y consolidar una forma de vida que de por sí es mucho más sostenible que la que se vive en los países occidentales. Gracias a los nuevos conocimientos que aportan la permacultura, la bioconstrucción, la economía solidaria, etc., que el GEN difunde en el Sur a través de los Centros de Vida y Aprendizaje (Leaving and Learning Centres), se pretende aumentar también la calidad de vida de los pueblos del Sur con un impacto mínimo sobre el entorno, a la vez que recuperan o reafirman su autonomía y capacidad de decisión.

En el Norte, incluyendo aquí países desarrollados y en desarrollo, la situación se invierte. La mayor parte de la gente vive en las ciudades y de manera totalmente insostenible, para muchos, incluso miserable. Las ciudades del Norte se han convertido en sumideros de ingentes recursos, que en la mayoría de los casos son traídos de lugares lejanos aumentando el gasto en transporte y la contaminación por dióxido de carbono. La huella ecológica de las ciudades occidentales es varias veces superior al terreno que ocupan. Ted Trainer, investigador australiano de la Universidad de Nueva Gales del Sur, afirma en un artículo que si todos los pueblos del mundo vivieran como vivimos en Europa o Estados Unidos, se necesitarían ocho Tierras para satisfacer tanta demanda de recursos. En los países ricos estamos utilizando unas cinco hectáreas de tierra productiva por persona para satisfacer nuestras necesidades, cuando si tuviéramos que dividir toda la tierra productiva del planeta por la población mundial, apenas nos corresponde una hectárea.

Desde la Red Europea de Ecoaldeas (GEN-Europe) se está difundiendo y apoyando el modelo de ecoaldea como una posible y valiosa alternativa al sistema actual. Numerosos colectivos en toda Europa se han esforzado en los últimos años en hacer coherente su forma de pensar y su forma de vivir, creando las primeras ecoaldeas o simplemente transformando comunidades y pueblos ya existentes en ecoaldeas. Un centenar de ejemplos se hallan dispersos por la geografía europea, de ellos, apenas media docena en España. Cada vez más personas se sienten atraídas por esta forma de vida, más respetuosa de la gente y del entorno, y buscan lugares y proyectos en los que involucrarse. Los más atrevidos se lanzan a la aventura buscando en el mundo rural un lugar donde instalarse y crear una ecoaldea o unirse a un proyecto existente. Las dificultades son enormes, pues los proyectos actuales son pocos y sin apenas ayudas.

Pero ¿qué decir de los que por diversas razones no pueden ni quieren abandonar la ciudad y, no obstante, siguen interesados en adaptar su vida a un modelo más sostenible? ¿Es posible crear ecoaldeas en la ciudad?

Algunos ejemplos de ecoaldeas urbanas

No sólo es posible, existen varios ejemplos de ecoaldeas urbanas en distintas ciudades europeas. Christiania en Copenhague, Ufa-Fabrik en Berlín, Wilhelmina Terrein en Ámsterdam y Understenshöjden en Estocolmo, entre otras, forman parte del reducido elenco de ecoaldeas urbanas. En todos estos casos se trata de grupos de personas que viven en un mismo lugar dentro de una ciudad y que comparten una misma visión, aunque sus experiencias vitales hayan sido diferentes. En los dos primeros ejemplos se trata de viejas ocupaciones que con el paso de los años se han “legalizado”. Christiania se fundó en 1971, tras la ocupación de unos antiguos cuarteles militares. En la actualidad, unas mil personas viven ahí, compartiendo un sistema de democracia directa y autogestión. Lo mismo se puede decir de la Ufa-Fabrik, que existe desde 1979, después de que un grupo de personas ocupara los terrenos de unos viejos estudios cinematográficos. Unas 50 personas residen permanentemente en el lugar, aunque el número de visitas anuales supera las 200.000. El caso de Wilhelmina es paradigmático. Se trata de un antiguo hospital que iba a ser demolido. Gracias a la activa labor de un grupo de personas se consiguió que las autoridades cedieran el edificio y el terreno adyacente para iniciar un proyecto social y de vida. En la actualidad casi cien personas de muy diversa procedencia viven en régimen de alquiler (muy barato) en edificios renovados y cuidados jardines, en un lugar en el que han creado diferentes empleos: una guardería, una fábrica de futones, un taller de juguetes, una tienda de decoración… y en el que se han asentado diferentes organizaciones sociales, ambientales y de desarrollo. Por su parte, Understenshöjden comenzó como un proyecto de eco-urbanización (cohousing), que poco a poco fue evolucionando hacia una ecoaldea al desarrollar con mayor intensidad sus características sociales. Cuarenta y cuatro familias, distribuidas en catorce casas de una y dos plantas, viven en el lugar.

Cualquiera de estos modelos es válido y aplicable en cualquier ciudad española. La ocupación es posible si el grado de cohesión y conciencia social es alto y se tienen objetivos claros, aunque a medio plazo sea imprescindible conseguir “legalizar” la situación para evitar el desgaste que supone la incertidumbre del desalojo. Para que un modelo sea válido no se puede dedicar todo el tiempo a resistir, es necesario en un momento u otro pasar a una nueva fase de construcción de una alternativa.

La compra de un terreno urbano es también una buena posibilidad si se tienen los medios para hacerlo. A partir de ahí, la permacultura puede ayudar en el diseño, las casas pueden ser autoconstruidas y con materiales naturales, se puede crear un centro social que favorezca los encuentros y la convivencia. El problema en este caso es superar todos los obstáculos legales a la hora de conseguir permisos. En España, la ecoaldea Valdepiélagos constituye un buen ejemplo de ecoaldea periurbana.
Con todo, para muchas personas, probablemente para la mayoría, ni una ni otra opción son posibles. Faltos de tiempo y del compromiso necesario para la ocupación, faltos de dinero para la compra y ejecución de una ecourbanización, y obligados a permanecer en la ciudad, andan perdidos en su búsqueda de alternativas sostenibles al sistema actual.

Una ecoaldea es ante todo un espacio de convivencia

Por ello, es fundamental extender el concepto de ecoaldea urbana en una línea que sea factible para esos millones de personas que viven en la ciudad, cuya intención no es ocupar nada, ni irse al campo, ni construir una ecourbanización. La clave está en reconocer que una ecoaldea es sobre todo un espacio de convivencia en el que se comparten cosas, un espacio en el que se desarrolla la comunidad, y que ese espacio no es necesariamente, o no solamente, un espacio físico. En definitiva, cualquier grupo de personas que viviendo en un barrio de una ciudad se reconozca como grupo con un objetivo común, con un firme deseo de compartir cosas (tiempo, recursos, valores, afectos, etc.) y de avanzar en la consecución de un mundo más sostenible, puede ser una ecoaldea. El problema no es que ese grupo haya de compartir el espacio físico con otras personas de la misma ciudad o barrio, el verdadero problema es que el espacio urbano lo hemos ido perdiendo poco a poco en beneficio de un ente abstracto que responde a la lógica de la producción, la especulación y el uso del tiempo como algo que no se puede perder. Reapropiarse del espacio urbano, ocupar la calle y los espacios públicos, perder el tiempo con la gente, debería ser la primera tarea de quien quiera formar una ecoaldea en la ciudad.

Crear o robar a la ciudad espacios para la convivencia, para el juego y las relaciones, para celebrar fiestas y ritos, pero también para procesar problemas y conflictos o llorar ausencias, es un primer paso imprescindible para transformar las ciudades y barrios en ecoaldeas. A partir de ahí, se puede llegar tan lejos como se esté dispueto.

Autosuficiencia alimentaria en la ciudad

La autosuficiencia en las ciudades no es más difícil que en el campo. Muchos descampados se pueden convertir en productivos huertos aplicando técnicas de permacultura y agricultura ecológica. Además de producir alimentos sanos, pueden servir como lugar de aprendizaje y experimentación para niños y jóvenes y lugar de encuentro con la sabiduría de los ancianos. La ciudad de La Habana, en Cuba, es un buen ejemplo de cómo es posible, cuando la necesidad aprieta, aprovechar patios y jardines para cultivar toda la verdura que una familia necesita en un año. En climas moderados, un pequeño balcón, al que se pueda adaptar un invernadero, tiene espacio suficiente para garantizar las necesidades de hortalizas de una familia.

Por si esto fuera poco, en muchas ciudades de Estados Unidos y recientemente en Europa, se está empezando a poner en marcha lo que se llama Agricultura Apoyada por la Comunidad. La idea es simple: un grupo de personas encarga a uno o varios agricultores de los alrededores que produzca alimentos para ellos, a cambio de una cantidad de dinero que estas personas entregan al agricultor al principio del año. El agricultor vive con ese apoyo, sin preocuparse de los vaivenes del mercado, y a cambio suministra a esas personas verduras frescas y hortalizas cultivadas ecológicamente.

De esta manera, no sólo es posible conseguir alimentos sanos, sino cualquier otro producto que necesitemos. Lo primero es simplificar nuestra vida y reducir nuestras necesidades de tecnología sofisticada, que normalmente lleva implícita una gran cantidad de energía en su elaboración. Tras esta primera revisión, podemos buscar aquello que realmente necesitamos entre los artesanos de los alrededores, apoyando la fabricación artesanal y la pequeña industria. Los Grupos de Autogestión del Consumo, GAC, como los que ya existen en varias ciudades, pueden ser muy útiles para establecer relaciones con grupos de artesanos y pequeños fabricantes, consiguiendo de ellos productos hechos con materiales sanos y en condiciones laborales justas.

Reciclado y ahorro de energía

El ahorro de energía, utilizando colectores solares para el agua caliente, cocinando con el sol siempre que sea posible, aislando bien las viviendas, utilizando al mínimo los aparatos que consumen electricidad, desplazándose a pie o en bicicleta en lugar de utilizar el coche, etc.; el ahorro y limpieza del agua, no arrojando productos sólidos ni tóxicos por los desagües; el reciclaje de la basura, incluida la materia orgánica para hacer compost… Todo ello son ideas que ya se están poniendo en marcha por los ayuntamientos, pero que están todavía muy lejos del ideal. En permacultura se dice que en la naturaleza todo se recicla, que no existe el concepto de basura porque los “desechos” de cualquier sistema son utilizados por otro. Nosotros estamos muy lejos de esta situación, pero para los candidatos a formar una ecoaldea urbana ésto debería ser una prioridad. Muchos de los objetos que tiramos a la basura se podrían llevar a un centro de intercambio, que habría en cada barrio, en el que la gente depositaría todo lo que le sobrara en casa, a la vez que se podría llevar todo lo que necesitara. Los centros que acumularan demasiado podrían ceder sus existencias a otros centros donde hubiera más demanda.

Hacia una economía urbana solidaria

Fomentar el intercambio, el trueque, el apoyo económico solidario de proyectos es así mismo fundamental para convertir un barrio en una ecoaldea urbana. En ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza… existen asociaciones de financiación solidaria, grupos de apoyo a proyectos, GAP, que funcionan todavía muy por debajo de sus posibilidades.

Para quienes desean formar una ecoaldea urbana existen varias posibilidades a la hora de gestionar su economía, que van desde compartir todos los recursos hasta compartir solamente recursos para algunos proyectos, pasando por la existencia de diversas cajas comunes, etc. Todo mejor que tener el dinero en el banco engordando la cuenta de sus principales accionistas, quienes no muestran ningún escrúpulo en multiplicar sus beneficios a través de inversiones especulativas o de simple y pura explotación en países del Sur. También es fundamental fomentar el autoempleo, las cooperativas y crear pequeños negocios que favorezcan la circulación interna del dinero y una justa redistribución de la riqueza.

Todo un mundo de posibilidades

Un grupo de personas suficientemente amplio, viviendo en un barrio de una ciudad, todavía puede hacer muchas más cosas, casi tantas como su imaginación se lo permita. Podrían crear una escuela para sus hijos en la que se siguiera un determinado modelo pedagógico (Montessori, Waldorf, Paideia, etc.). Los profesores podrían cobrar su salario parte en dinero y parte en especies, viviendo en el centro social, recibiendo la cesta de hortalizas, utilizando el club de trueque, etc. Se podría crear un centro natural de salud, formado por especialistas en medicina natural y holística, en diversas psicoterapias, en yoga y otras técnicas de relajación y crecimiento espiritual, etc. Se podrían organizar todo tipo de celebraciones, actividades lúdicas y de entretenimiento.

Se trataría en definitiva de recuperar la comunidad, de romper con nuestro cómodo individualismo, aceptando que el espacio de la convivencia es difícil, lleno de temores y conflictos, pero sabiendo que los inevitables conflictos que surjan son una posibilidad para seguir creciendo y que las recompensas son muchas. Creo sinceramente que tenemos que dar este paso, nuestra existencia como seres humanos está en juego.


© José Luis Escorihuela "Ulises y EcoHabitar. Prohibida la reproducción sin autorización expresa

Fuente: http://www.ecohabitar.org/articulos/ecoaldeas/ecoaldeas_urbanas.html

Información personal del autor
• Nombre: José Luis Escorihuela Domínguez, "Ulises"
• Lugar de nacimiento: Zaragoza (España) — Año de nacimiento: 1962
• Residencia permanente: C/ Única s/n * 22600 Artosilla (Huesca) * España
• Email: ulises@selba.org

La Manera más Sencilla de Solucionar la Crisis Global (The Simpler Way)



por Ted Trainer

Si es que el análisis precedente sobre los Límites al Crecimiento (económico y poblacional) es básicamente válido, algunos de los principios de la Sociedad Sustentable están claros y son indisputables. (Un análisis anterior puede encontrarse en "The Conserver Society"(La Sociedad de La Conservación; Ted Trainer, Zed Books, 1995).

1.-Los niveles de Vida Material deben ser mucho menos Opulentos. En una Sociedad Sustentable las tasas per cápita de uso de recursos deben ser una pequeña fracción de las existentes actualmente en Australia.

2.-Deben haber Pequeñas Economías Locales de Pequeña Escala altamente Autosuficientes.

3.-Estas deben ser principalmente Locales, Cooperativas y Participativas.

4.-Deben ser Sistemas donde las Pequeñas Comunidades controles sus propios asuntos, independientes de las Economías Internacional y Global.

5.-Debe haber mucho uso de Tecnologías Alternativas, que minimizan el uso de Recursos.

-Debe ser desarrolado un Sistema Económico muy diferente, o no manejado por Fuerzas de Mercado o el Afán de Lucro, y en el cual no haya Crecimiento Económico (ilimitado).

6.- La manera de Vida Alternativa es la Manera Sencilla Materialmente (pero más Rica en otros sentidos). Podemos y debemos vivir Todos/as bien con una mucho más pequeña cantidad de Producción, Consumo, Uso de Recursos, Comercio, Inversión, y PGB que el que hay actualmente. Esto nos permitiría escapar de la Rueda Económica y dedicar nuestras vidas a cosas más importantes que meramente producir y consumir.

Estilos de Vida más Sencillos

>Vivir más simplemente no significa privación o penurias. Significa focalizarse en lo que es suficiente para la comodidad, la higiene, la eficiencia, etc. Muchas de nuestras necesidades básicas pueden ser satisfechas por mecanismos y de maneras muy sencillos y baratos en el uso de recursos, comparados con aquellos que tomamos por asegurados e idolizamos en la sociedad de consumo.

>Vivir de maneras que minimicen el uso de recursos no debiera ser visto como un esfuerzo fastidioso que debe ser hecho con el fin de salvar al planeta. Estas maneras pueden y deben llegar a ser importantes fuentes de satisfacción con la vida. Debemos llegar a ver como agradables muchas actividades tales como la vida frugal, el hacer cómpost, reparaciones, embotellar fruta, dar cosas viejas a otros, hacer durar las cosas, y manejar una economía hogareña relativamente autosuficiente. La meta Budista es una vida "simple en medios, pero rica en finalidades".



Autosuficiencia Local



>Debemos desarrollar tanta autosuficiencia como razonablemente podamos al nivel nacional - significando esto menos comercio - al nivel del hogar y especialmente a los niveles del vecindario, suburbano, del poblado y regional. Necesitamos convertir nuestros actuales estériles suburbios en economías regionales prósperas que produzcan la mayoría de las cosas que necesiten desde recursos locales. Ellos contenerían muchas pequeñas empresas tales como panaderías locales. Algunas de éstas pueden ser sucursales descentralizadas de firmas existentes, permitiendo a muchos de nosotros ir al trabajo en bicicleta o a pie. Gran parte de nuestra producción de miel, huevos, vajilla, hortalizas, mobiliario, frutas, pescado y carne de ave podría venir de negocios hogareños dedicados a la producción artesanal y aficionada. Es mucho más satisfactorio producir muchas cosas de modo artesanal antes que en fábricas industriales. Sin embargo, tendría sentido mantener algunas grandes fábricas de producción masiva.

>Muchos huertos comerciales podrían estar localizados en los suburbios y las ciudades, por ejemplo en sitios de fábricas abandonadas o al lado de las líneas ferroviarias. Esto reduciría el costo de los alimentos un 70%, especialmente al reducir sus costos de transporte. Más importantemente, el producir el alimento más cercanamente de donde vive la gente permitiría que los nutrientes sean reciclados y devueltos al suelo a través de la producción de cómpost y unidades de gas de la basura.

>Debiéramos convertir una casa de cada conjunto en un taller vecinal, una espacio de reciclaje, un lugar de reunión, un lugar de intercambio de cosas sobrantes y una biblioteca. Debido a que habrá mucha menos necesidad de transporte, sacaremos el pavimento de muchas calles, incrementando grandemente el área de tierra cultivable para huertos comunitarios, lagunas, bosques, etc. Gran parte de nuestros vecindarios pueden llegar a ser una selva Permacultural, un "parque comestible" atiborado con plantas productivas de larga vida, en gran parte automantenidas tales como arboles frutales y de nueces. Especialmente importante será lograr un alto grado de autosuficiencia energética local, a través del uso de tecnologías alternativas y fuentes de energía renovable tales como el sol y el viento.

>Habría también muchas variedades de animales viviendo en nuestros vecindarios, incluyendo una entera industria de peces basada en fuentes y lagunas. Adicionalmente, muchos materiales pueden venir de los bosques, árboles frutales, matas de bambú, lagunas, arroyos, etc. comunales. De este modo desarrollaremos los "recursos comunes" ("commons"), los terrenos comunales y los recursos de los cuales todos/as pueden tomar alimentos y materiales. Muchas áreas podrían fácilmente proporcionar a sí mismas con la greda para producir toda la vajilla que se necesite. Similarmente, casi toda la madera que se necesite para hacer muebles de madera podría venir de esos bosques, a través de un pequeño aserradero localizado en lo que alguna vez fuera un garage.

>Una de las más importantes maneras en las cuales seremos muy autosuficientes será en las finanzas. Virtualmente todos los vecindarios tienen todo el capital que necesitan para desarrollar aquellas cosas que más los enriquecerían, pero esto nunca sucede cuando nuestros ahorros son depositados en bancos convencionales. Formaremos muchos bancos locales de los cuales nuestros ahorros serán prestados sólo a empresas y proyectos que mejoraran nuestras localidades. Muchos vecindarios y poblados están ahora comenzando sus propios bancos y sistemas de intercambio sin dinero.

>Habría un ambiente que promovería el tiempo libre. Los suburbios en la actualidad son desiertos para el ocio; no hay mucho que hacer. El vecindario alternativo estaría lleno de relaciones amigables, pequeños negocios, proyectos comunes, animales, huertos, bosques y tecnologías alternativas y por lo tanto lleno de interesantes cosas para hacer. Consecuentemente, la gente estaría menos inclinada a salir los fines de semanas y las festividades, lo que reduciría el consumo energético nacional.

>La autosuficiencia económica local es crucial si es que vamos a reducir el consumo general de recursos debido a que ésta reduce los costos de viajes, transporte y empaque, y la necesidad de construir carreteras, barcos, aeropuertos etc. Esta permite también a las comunidades a llegar a ser independientes de la economía global.

Maneras de Vivir más Comunitarias y Cooperativas

>La tercera característica esencial de la manera alternativa de vivir es que es que esta debe ser mucho más comunitaria y cooperativa. Debemos compartir más cosas. Podríamos tener unos pocas escaleras, taladros eléctricos, etc., en talleres vecinales, como algo distinto a uno en cada casa. Seríamos parte de varias turnos, comités y grupos de trabajo para realizar gran parte del cuidado de los niños, la enfermería, la educación básica y el cuidado de la gente de edad y discapacitada en nuestras área, tanto como para realizar muchas de las funciones que los consejos burocráticos realizan actualmente por nosotros, tales como mantener nuestros propios parques y calles. Necesitaríamos por lo tanto muchos menos burócratas y profesionales, reduciendo así la cantidad de ingreso que necesitaríamos ganar para pagar impuestos y servicios.

>Especialmente importantes serían los grupos de trabajo comunitario voluntario regulares. Imaginemos sólo cuan ricos serían nuestros vecindarios si cada Sábado por la tarde por los pasados cinco años hubiera habido un grupo de trabajo voluntario haciendo algo que hubiera hecho de éste un lugar más placentero para vivir.

>Habría mucha más sensación de comunidad que la que hay ahora. La gente se conocería mutuamente e interactuaría en proyectos comunales. Uno ciertamente predeciría un gran decrecimiento en la incidencia de los problemas sociales y sus costos monetarios y sociales. El nuevo vecindario sería seguramente un más sano y feliz lugar para vivir, especialmente para las personas de edad.

>Habría genuína democracia participativa. Gran parte de nuestras políticas y programas locales podrían ser planeadas por comités elegidos no-pagados y podríamos todos votar sobre importantes decisiones concernientes a nuestra pequeña área en reuniones regulares locales. Habría todavía algunas funciones para los gobiernos Estatal y nacional, pero relativamente pocas.

>Las instituciones gobernantes principales aquí serían los comités voluntarios, las reuniones locales, la votación directa en temas diversos y especialmente la discusión pública informal en situaciones de la vida diaria. En una comunidad sana y autogobernada los procesos políticos fundamentales tienen lugar informalmente en cafés, cocinas, y las esquinas de las localidades, porque es ahí donde los temas pueden ser discutidos y pensados hasta que la mejor solución llegue a ser generalmente reconocida. Las posibilidades de una política escogida que trabaje bien dependen de cuan contentos están todos con ella. El consenso y el compromiso se logran mejor a través de un lento y a veces torpe proceso de consideración formal e informal, en el cual el real trabajo de la toma de decisiones es hecho mucho antes de la reunión donde se vota finalmente. De este modo la política llegará nuevamente a ser participativa y parte de la vida cotidiana, como era el caso de la Antigua Grecia.


Traducido de un texto del siguiente Website: http://www.arts.unsw.edu.au/tsw/index.html
Fuente: ecovisión

martes, 17 de abril de 2007

EL MOVIMENTO ECOCIUDADES/Herbert Girardet

El crecimiento urbano está cambiando la faz de la Tierra y la condición de la humanidad. En el último siglo, la población global urbana se ha expandido desde 1.500 millones hasta casi 3.000 millones. Para el año 2000, la mitad de la humanidad vivirá en ciudades, con gran parte de la otra mitad dependiendo de los mercados urbanos para su sobrevivencia económica. Las aglomeraciones urbanas y su utilización de recursos están llegando a ser la característica dominante de la presencia humana sobre la Tierra, cambiando profundamente la relación de la humanidad con el planeta y sus ecosistemas. ¿Será posible limitar el impacto de las ciudades sobre el ambiente global?. ¿Será posible limitar el tamaño de las ciudades en la era de la mega-ciudad?.

El tamaño de las ciudades modernas, en términos de números tanto como en escala física, es sin precedentes: en 1800 había sólo una ciudad de un millón de personas -Londres. En ese tiempo, las cien mayores ciudades del mundo tenían un total de 20 millones de habitantes, con cada ciudad extendiéndose normalmente sólo unos pocos miles de hectáreas. En 1990, las cien ciudades mayores del mundo acomodaban a 540 millones de personas, de las cuales 220 millones vivían en las 20 mega-ciudades de más de 10 millones de personas, extendiéndose a cientos de miles de hectáreas. Adicionalmente, habían 25 ciudades de más de 5 millones, y cientos de más de 1 millón.

Estamos tratando con una nueva realidad. Las mega-ciudades dependen de mega-estructuras que tienen poco que ver con el mundo de "lo pequeño es hermoso" (N. Del T.: título de un libro clásico del Pensamiento Ecologista escrito por E. F. Schumacher). La urbanización a gran escala es un proceso esencialmente no sustentable (que es imposible que pueda permanecer en el tiempo). Esta incrementa grandemente el uso per cápita de combustibles fósiles, metales, madera y productos manufacturados, con grandes implicaciones externas ambientales. Diferentemente de la mayoría de los sistemas culturales tradicionales, los sistemas urbanos modernos dependen de un vasto sistema de líneas de suministros externos que vienen desde las áreas rurales y centros manufactureros, facilitadas por las infraestructuras del transporte global y las comunicaciones. Esto no es una cultura, o incluso una civilización, sino movilización -de personas, recursos y capital.

La gente de las ciudades a menudo tiene muy poca comprensión de su uso de recursos. La energía es un caso relevante. Cuando los habitantes de las ciudades piensan en el calor y en la luz, ellos normalmente no piensan en la leña, sino que encienden aparatos eléctricos o a gas -ellos están escasamente conscientes de las centrales energéticas, las refinerías o los campos de gas que los proveen de energía. Y ellos raramente reflexionan sobre los impactos del uso de la energía sobre el ambiente, porque ellos raramente los experimentan directamente, excepto cuando ellos inhalan los humos de escape en una calle congestionada.

La demanda de energía define a las ciudades modernas más que cualquier otro factor. La mayor’a del tráfico por rieles, caminos y aeroplanos ocurre entre ciudades. La mayoría de las actividades urbanas depende de los combustibles fósiles -los usamos para calefaccionarnos, para refrescarnos, para iluminarnos o para suministrarnos bienes y servicios. Sin el uso rutinario de los combustibles fósiles, las mega-ciudades de 10 millones de personas o más no habrían sido posibles. Nunca ha habido una ciudad de más de 1 millón de personas no manejada con carbón, petróleo o gas. Pero hay un precio que pagar: no sólo el aire contaminado es una amenaza constante en las ciudades, sino que la mayor parte del incremento del dióxido de carbono en la atmósfera es atribuible a la combustión en o a favor de las ciudades. Aún así, la mayoría de la gente de las ciudades encuentra difícil hacer la conección.

El suministro de la alimentación urbana es otro caso relevante. La experiencia directa de cultivar alimentos está grandemente ausente en la vida urbana. La gente cosecha en los supermercados, y la mayor parte de la gente ha llegado a esperar que el alimento se le sirva empacado y etiquetado para su fácil reconocimiento. Como "gente de la ciudad", son difícilmente conscientes de los impactos del consumo de alimentos en la fertilidad de la tierra de cultivo de las granjas que los proveen, a menudo desde un lugar distante.

Los niveles de vida urbanos han llegado a ser la norma también en el campo. Cuando ponemos alimento empacado en un carro de supermercado, somos alegremente inconscientes de que la humanidad usa ahora casi la mitad de la producción primaria neta mundial de la fotosíntesis de las plantas, y de que la mayoría de é4sta es utilizada por la gente de las ciudades. Nuestro sistema de conocimiento falla al no informarnos que la especie humana está cambiando nada menos que el modo en que funciona "la red de la vida" sobre la misma Tierra : de las geográficamente esparcidas interacciones de miríadas de especies vivientes, a las cuales las culturas locales están íntimamente conectadas, a un conjunto de concentrados centros urbanos en los que una especie, la humanidad, succiona recursos de todas partes del mundo. Las ciudades de hoy ocupan sólo el dos por ciento de la superficie sólida terrestre y, aún así, ocupan más del setenta y tres por ciento de los recursos del mundo.

Deduciendo del trabajo de William Rees y Mathias Wackernagel, yo he examinado la "huella ecológica" de Londres -esto es, la superficie de tierra requerida para alimentarla, para suministrarle productos de madera y para reabsorber su producción de CO2 (dióxido de carbono). En total, ésta se extiende a 125 veces el propio territorio de Londres de 390.000 acres (156.000 hectáreas), es decir, a casi 50 millones de acres (20.000.000 de hectáreas).

Con sólo el doce por ciento de la población de Inglaterra, Londres requiere el equivalente a la totalidad de la tierra productiva de Inglaterra. En realidad, esta superficie de tierra, por supuesto, se extiende a lugares esparcidos por el planeta, tales como las praderas de trigo de Kansas, los campos de poroto soya del Mato Grosso, los bosques de Canadá, Escandinavia y el Amazonas, y las plantaciones de té de Assan y Mount Kenya. Pero esta dependencia global de los Londinenses nunca ha sido un gran tema. El alimento está allí para ser disfrutado. El impacto ambiental del suministro de alimentos, incluyendo la energía usada para producirlos y distribuirlos, raramente se discute.

Lo mismo se aplica al metabolismo. Como otros organismos, las ciudades tienen un metabolismo definible. El de los poblados y ciudades tradicionales se caracterizaba por las interacciones entre densas concentraciones de personas y sus territorios locales circundantes, con los sistemas de transporte y producción centrados en la fuerza muscular. Más allá de sus perímetros, los asentamientos tradicionales estaban normalmente rodeados por anillos concéntricos de granjas comerciales, bosques, quintas de árboles frutales y tierras de cultivo y pastoreo para uso de la gente de los poblados. Hoy en día, la agricultura urbana aún vive bien en las ciudades de muchos países. En las ciudades Chinas, por ejemplo, la gente aún practica devolver los excrementos a las tierras de cultivo locales para asegurar cosechas sostenidas de cultivos. Las ciudades Chinas administran tierras de cultivo adyacentes y pretenden ser autosuficientes en alimentos gracias a éstas.

El metabolismo de muchas ciudades tradicionales era circular, mientras que el de la mayoría de las ciudades "modernas" es lineal. Los recursos son succionados y hechos pasar a través del sistema urbano, sin mucha preocupación por su origen y por el destino final de los desechos.

Las entradas y salidas de los sistemas urbanos actuales son tratadas en gran parte como no relacionadas. Los sistemas contemporáneos de alcantarillado son un ejemplo principal. Ellos tienen la función de separar a las personas de sus desechos corporales. Las aguas cloacales, tratadas o no tratadas, son descargadas en los ríos y en las aguas costeras corriente abajo de los centros urbanos, y su inherente fertilidad se pierde para las tierras de cultivo del mundo. Hoy en día las aguas costeras en todas partes están contaminadas, ya sea por las aguas cloacales y los efluentes tóxicos, como por el escurrimiento de los fertilizantes que son aplicados a las tierras de cultivo. Este circuito abierto es totalmente insustentable.

El sistema metabólico lineal de la mayoría de las ciudades es profundamente diferente del metabolismo propio de la Naturaleza, el que puede ser semejado a un gran círculo; cada desecho de un organismo es también un recurso que renueva y sustenta a la totalidad del ambiente vivo. Los planificadores urbanos necesitan estudiar la ecología de los sistemas naturales. En un planeta predominantemente urbano, las ciudades necesitan adoptar sistemas metabólicos circulares para asegurar su propia sustentabilidad y la viabilidad de los ambientes de los que dependen. Los desechos urbanos necesitarán ser mirados como potenciales recursos para los sistemas de producción urbana, con reutilización rutinaria y reciclaje de papel, metales, plástico y vidrio, y compostaje de los materiales orgánicos, para su reutilización en tierras de cultivo locales.

Los efectos del uso urbano de recursos también necesitan ser mejor entendidos. Los 1.6 millones de habitantes de Viena, cada día incrementan el peso real de la ciudad en algo de 25.000 toneladas. Mucho de este peso es material relativamente inerte, tal como concreto y pavimento. Otras sustancias, tales como metales pesados, tienen efectos tóxicos cuando se escurren hacia el ambiente local. Los nitratos, fosfatos o hidrocarbonos clorinados se acumulan en los cursos de agua y en los suelos locales, con consecuencias aún desconocidas para los futuros habitantes.

Estos temas necesitan ser tratados po la política nacional y urbana, para establecer nuevos modos de ingenierar y ajustar nuestras ciudades. Ellos también necesitan ser tratados en un nivel más sutil. Nuestra separación de los sistemas naturales y nuestra falta de experiencia directa del mundo natural es una realidad peligrosa, ya que reduce nuestra comprensión de nuestro¨impacto, y de los modos en que podemos reducirlos.

¿Pueden las ciudades mantener su nivel de vida, a la vez que refrenar su impacto ambiental local y global?. Es evidente que ciudades de tamaño similar están satisfaciendo las necesidades de sus habitantes con un transflujo (N. Del T.: el paso de materiales y energía a través de un sistema) grandemente variante. Muchas ciudades pueden reducir masivamente su uso de recursos, manteniendo un buen nivel de vida, mientras crean los muy necesarios empleos locales en el proceso. Hay ciudades en el Norte del planeta que tienen un mucho menos impresionante registro de huella que muchas en el Sur.

¿Cómo puede la gente de las ciudades mejorar su comprensión del impacto causado por su estilo de vida?. ¿Pueden las grandes ciudades modernas adoptar sistemas de produción y evacuación de desechos locales frugales y autorregulados?. ¿Cómo puede el crecimiento de las ciudades ser mantenido bajo control?.

Responder estas cuestiones puede ser crítico para el bienestar futuro de la biósfera, tanto como para el de la humanidad misma. El mantener enlaces estables entre las ciudades y sus territorios circundantes -locales y globales- es una tarea nueva para los políticos, los administradores, la gente de negocios y la gente en general de las ciudades, requiriéndose nuevos enfoques para la gestión urbana. Muchos de los mayores problemas ambientales del mundo serán sólo resueltos si la gente de las ciudades conceptualiza nuevos modos de manejar sus ciudades. Algunas ciudades ya han hecho de la circularidad y la eficiencia en el uso de los recursos una prioridad cumbre. Pero mucho más falta por hacerse.

Dado que la fisiología de las ciudades modernas se caracteriza comunmente por un uso rutinario de combustibles fósiles, un tema importante es si la gente verá el potencial de las nuevas, eficientes y limpias tecnologías energéticas para energizar sus ciudades, tales como los sistemas de calor y energía combinados, las técnicas de circulación de calor solar y los módulos fotovoltáicos.

Para hacer a las ciudades más sustentables, se requiere una entera nueva serie de iniciativas. Por ejemplo, la agricultura urbana, si se desarrolla bien, podría hacer una contribución significativa para alimentar a las ciudades y proporcionar modos de subsistencia a la gente. Un libro reciente llamado Agricultura Urbana prueba el punto: "El censo de Estados Unidos de 1980 encontró que las áreas urbanas metropolitanas produjeron el 30% del valor en dólares de la producción agrícola de Estados Unidos.

En 1990 esta figura se había incrementado a un 40% . Singapur produce el 25% de sus necesidades de vegetales. Dar-es-Salaam, una de las grandes ciudades del mundo de rápido crecimiento, ahora tiene el 67% de sus familias dedicadas a los cultivos, comparado con el 18% de 1967. El 65% de las familias de Moscú está comprometida en la producción de alimentos, comparado con el 20% de 1970. Hay 80.000 horticultores comunitarios cultivando en tierra municipal en Berlín, y una lista de espera de 16.000".

La agricultura urbana es sólo un aspecto de un estilo de vida urbano más sustentable. La gente de las ciudades necesita formular prioridades culturales, dándole a las ciudades la oportunidad de hacer realidad su pleno potencial como centros de creatividad, educación y comunicación. Las ciudades no son sino centros de conocimiento, y hoy en día esto también significa conocimiento sobre el mundo y nuestro impacto sobre él. El reducir los impactos urbanos es tanto un tema de un mejor uso de la tecnología como de educación y diseminación de información.

Actualmente las ciudades no son centros de civilización sino de movilización de personas y bienes de consumo. Necesitamos revivir la visión de las ciudades como lugares de convivialidad y menos movilidad. Esto significa revivir estilos de vida más locales dentro de las ciudades mismas, focalizándose en el concepto de "aldea urbana" dentro de la ciudad, donde la vida comunitaria pueda ser una realidad. Se necesita una visión más calma y más serena de las ciudades para ayudarlas a hacer realidad su verdadero potencial como lugares no sólo del cuerpo, sino también del espíritu.

El futuro de las ciudades depende crucialmente de la utilización del rico conocimiento de su gente, y eso incluye el conocimiento ambiental. Los sistemas de comunicación urbana tienen un papel particularmente importante que jugar en ayudar a la gente de las ciudades a entender su impacto y efectuar los necesarios cambios en el modo en que manejamos nuestras ciudades. En el futuro, las ciudades necesitarán desarrollar estrategias comunicacionales para capacitar a las personas a confrontar los impactos globales de su poder económico y sus hábitos de consumo. La gente de las ciudades necesita nuevos canales comunicacionales que mejoren su toma de decisiones, concerniendo particularmente al impacto de su estilo de vida. Aquí podemos aprender mucho de las metodologías de consulta cultural practicadas por las culturas tradicionales, las que realizan reuniones regulares en las aldeas para estimar su impacto en el ambiente local.

Las ciudades para un nuevo milenio pueden ser eficientes en el uso de recursos, amigables para la gente y culturalmente ricas, con democracias activas que aseguren el mejor uso de las energías humanas.

El desarrollo urbano Eco-amigable puede bien llegar a ser el mayor desafío del siglo veintiuno, no sólo para el autointerés humano, sino también para crear una relación sustentable entre las ciudades y la biósfera. En ultimo término, aquello no puede ser hecho sin cambiar el sistema de valores que apuntala a nuestras actuales ciudades. A fin de cuentas, es sólo un profundo cambio de actitudes, un cambio espiritual y ético, lo que puede asegurar que las ciudades lleguen a ser verdaderamente sustentables.


Herbert Girardet recibió el premio "Global 500" de las Naciones Unidas y es co-presidente de la Schumacher Society de Inglaterra (Website: www.oneworld.org/schumachersoc). Es autor del libro sintético "Creating Sustainable Cities" (1999) publicado por la misma sociedad. Puede encargarse a Green Spirit Books - Website: www.greenspirit.org.uk/books - Texto aportado por ECOVISION (Chile).

domingo, 8 de abril de 2007

Principales Retos Ecológicos del Siglo XXI


Introducción
Hacia la Comprensión de los Principales Retos Ecológicos del Siglo XXI O, Exploremos con Audacia el Corazón de la Bestia: ¿Les parece?
por Bernard Eccles

"Somos seres biológicos, y, como tal, tan dependientes de la biosfera como cualquier otra forma de vida. Olvidamos nuestra naturaleza animal a nuestra cuenta y riesgo. Conforme vamos contaminando el aire fresco, el agua, la tierra y la energía, conforme vamos quemando combustibles fósiles por encima de la capacidad de la Tierra para reabsorber las moléculas responsables del efecto invernadero que estamos provocando, conforme utilizamos el entorno a modo de vertedero de materiales tóxicos y destruimos las zonas vírgenes que una vez rebosaron de vida y recursos propios, veo que nos hemos embarcado en la vía suicida."

David Suzuki, Co-autor junto con Holly Dreasel de From Naked Ape to Superspecies [Del Simple Primate a la(s) Superespecie(s)]


En 1859 Charles Dickens publicaba su obra titulada Historia de Dos Ciudades. Dickens abría tan apreciada obra de la literatura inglesa con la siguiente sentencia: " Era el mejor de los momentos: era el peor de los momentos". Cabe que esta inquietante línea resuma a la perfección la actual situación de la humanidad en este preciso momento de nuestra historia en este pequeño planeta azul conocido como la Tierra. A riesgo de sonar un tanto perogrullo, diré que nos hallamos en los albores de un nuevo milenio con todas las brillantes promesas y emociones que el acontecimiento desata. Sin embargo, también ha quedado meridianamente claro que, a no ser que la humanidad dé -- cómo lo diría yo -- un cambio de rumbo radical en su modo de proceder en este planeta, puede que no lleguemos mucho más allá de los albores de este nuevo milenio. Como especie nos encontramos en un vía crucis sin parangón en todo nuestro curso evolutivo e histórico. Jaques Cousteau, célebre naturalista e investigador marino, tuvo una clara percepción de este hecho al proclamar la década de los 90 como "la década decisiva". Estos habrían de ser los diez años cruciales en los que la humanidad, tras un serio estudio de la degradación medioambiental global, habría de abordar el proceso de búsqueda y aplicación de soluciones en pro de la cordura ecológica. Los seres humanos por fin se plantearían seriamente un viraje en su rumbo hacia lo que algunos alarmados han llegado a calificar de "ecocidio".

Desafortunadamente, hasta la fecha, las buenas intenciones han sido el crematorio en el que el ave del paraíso ha quedado calcinado.

Es imperioso que lo hagamos un 100% mejor.

Como todo buen abogado puede constatar, en un tribunal de justicia la ignorancia no es pretexto. Con la mano en el corazón, la mayoría de los seres humanos tiene al menos una vaga idea del apuro medioambiental en el que nos encontramos en esta fase de la historia. Estos temas llevan en el candelero mundial algo así como tres décadas, no es que no se nos haya advertido en más de una ocasión. En 1992 el prestigioso Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Comprometidos) - probablemente el colectivo de señoras y señores más erudito sobre tierra firme -- emitía su "Advertencia de la Comunidad Científica Mundial a la Humanidad: Una Declaración Etica difundida por la UCS". Por obvias razones de brevedad no nos es posible editar íntegramente la advertencia, pero decía algo así:

"El ser humano y la naturaleza se hallan a punto de colisión. La actividad humana esta infligiendo graves daños, la mayoría irreparables, sobre el entorno y los recursos críticos. A falta de la debida supervisión, muchas de nuestras actuales prácticas comportan un serio riesgo para el futuro que anhelamos para la sociedad humana y el reino animal y vegetal, y pueden, por tanto, alterar el mundo biológico hasta tal punto que resulte imposible mantener la vida tal cual la conocemos actualmente. Impera la necesidad de cambios fundamentales si...

Apenas sí queda una década, o, a lo sumo unas cuantas, para atender a la oportunidad de abordar los retos que se nos plantean, o ésta se nos escurrirá de las manos... La comunidad científica que lanza esta voz de alarma confía en que su mensaje alcance e influya a todo el mundo. Requerimos la asistencia de... dirigentes políticos... líderes comerciales... líderes religiosos... (y, por último, aunque no por ello menos importante, de hecho, es lo PRIMERO Y PRINCIPAL) la de toda la ciudadanía mundial.

O sea, que he ahí donde estamos. Resulta interesante ver cómo la prensa convencional en general ha obviado la advertencia. Esta voz de alarma crucial de los científicos más curtidos de la comunidad, muchos de ellos valedores del Premio Nobel, a la opinión pública mundial no se considera digna de difusión. Curioso, ¿no les parece?

En 1997 otra destacada organización científica, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia [American Association for the Adveancement of Science], en el principal foro científico mundial, silenciaba el hecho de que no nos hallamos debidamente preparados para hacer frente a lo que califican de grave "amenaza a los sistemas de soporte de la vida en la Tierra". Advirtiendo del peligro que corre el planeta, y de la posibilidad de que el agua pudiera convertirse pronto en un bien tan valioso como el crudo de petróleo (si, eso es lo que auguran), la asociación insta a la comunidad científica mundial, a los gobiernos y a la opinión pública, a actuar con diligencia para evitar la inminente crisis económica y medioambiental que se nos avecina. En septiembre de 1999, El Programa Medioambiental de las Naciones Unidas (UNEP) emitía un importante informe de cambio de milenio titulado 'Previsión Medioambiental Global 2000'. Es una devastadora valoración del porvenir de la raza humana a principios del nuevo siglo. El Dr. Klaus Topfer, antiguo ministro de medio ambiente alemán y actual director general de UNEP, aseguraba en él que, "La inminente serie de crisis y finalmente la catástrofe que se avecina tan sólo se podrá evitar mediante un incremento masivo de voluntad política. Disponemos de la tecnología, pero no la estamos utilizando." El Dr. Topfer subrayaba también la posibilidad de invertir el proceso, si bien, asegura que para eso sería preciso reducir el consumo masivo en los países más ricos del mundo en un 90%. Calificaba las medidas adoptadas para abordar el problema del cambio climatológico global como inapropiadas, asegurando que hoy es ya ingobernable, recordando que las catástrofes por climatología extrema han sesgado la vida de 3.000.000 de personas en los últimos cinco años.

A estas alturas, mi querido lector, cabe que estés pensando, "Ya basta - la realidad - es una auténtica sobrada".

El informe revelaba el convencimiento general de que aún estamos a tiempo de resolver este tipo de problemas medioambientales, pero, en algunos casos, el tiempo se nos ha agotado. La escasez de agua es un problema que afecta ya a multitud de países y 15.000.000 de niños mueren cada año víctimas de la contaminación del agua; la degradación de la tierra ha provocado la esterilidad y la reducción del rendimiento potencial de la agricultura, y la destrucción por deforestación de la selva tropical es irreversible. El Dr. Topfer añadía que, "gran parte de las especies del planeta o se han extinguido, o están en peligro de extinción. Una cuarta parte de los mamíferos del planeta actualmente está en grave riesgo de desaparición." En los océanos la sobreexplotación frenética por parte del sector pesquero mundial ha causado estragos, y más de la mitad de los arrecifes de coral están abocados a la desaparición, según se asegura en el informe. La contaminación medioambiental en muchas ciudades del mundo ha alcanzado proporciones alarmantes, e incluso en países como Canadá 16.000 personas mueren cada año prematuramente debido a la pésima calidad del aire. La falta de control gubernamental sobre las empresas multinacionales, asegura el informe, menoscaba el poder para la resolución de estos problemas. El Dr. Topfer subraya que es imprescindible que se obligue a las empresas nacionales a asumir la responsabilidad de sus actos. "El actual curso es absolutamente insostenible, y postergar la toma de medidas ya ha dejado de ser una opción," concluye el informe.

De modo que, mi querido, amable, paciente y audaz lector, es más que probable que ya hayas tenido suficiente por hoy. Lo mismo digo. Esa es la mala nueva, y, no cabe duda de que es el peor de los momentos. Pero no olvidemos la otra mitad del enunciado de Dickens. La parte que afirma que es el mejor de los momentos.

Cabe que sea pertinente la invocación de la vieja máxima, a la que el tiempo hace honor, legado del gran Sócrates. "Conoce a tu enemigo." Uno de nuestros enemigos ancestrales ha sido, y sigue siendo, la absoluta ignorancia. Apenas empezamos a dilucidar los ecosistemas, las funciones integrativas de la biosfera y los servicios que nos proporciona el ecosistema, así como los servicios que a su vez le rinden las distintas formas de vida que alberga el planeta. Aunque estemos lejos de tener siquiera una aproximación a todas las respuestas, nuestras preguntas parecen estar pero que muy bien encaminadas, y nuestra ciencia a este respecto crece a diario. No resulta aventurado afirmar que contamos con un buen corpus de conocimiento de los problemas y retos que requieren solución, por lo que el principal propósito de este artículo será clarificar, en la medida de lo posible, su naturaleza. Entremos pues a examinar el tema, si les parece.

LA ALTERACIÓN CLIMATOLÓGICA GLOBAL


Mi querida madre solía responder a mis lloriqueos los días lluviosos con un, "lo siento, pero no hay nada que se pueda hacer para alterar el clima". Bien, esto simple y llanamente ha dejado de ser así. Conforme el ser humano va quemando combustibles fósiles para obtener energía que a su vez emite los gases causantes del calentamiento global, en el proceso se convierte en el principal catalizador del cambio climatológico global, lo cual, desemboca en una climatología errática e impredecible a medida que se calienta la atmósfera global de la Tierra. Puede que ya haya reparado -- y si no es así, será mejor que se plantee seriamente apagar el televisor -- en que el invierno en Ontario ya "no es lo que era" En la edición del Foro Económico Mundial de 1999 en Davos, Suiza, un buen número de científicos señalaban el cambio climático como el principal reto al que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI.

EL AGUA


Mucha gente creerá que el agua es un recurso renovable pero no es así. Por lo tanto, las generaciones venideras dependerán del modo en que hoy gestionemos y preservemos este recurso. Una cuarta parte de la humanidad no tiene acceso al agua potable y el consumo de agua contaminada sesga la vida de millones de personas al año. El World Watch Institute [organismo que hace de observatorio mundial] informa de la escasez de agua como primera y principal amenaza para la producción mundial de alimentos, y de que el agua subterránea se está extrayendo a un ritmo muy superior a la capacidad de la naturaleza para reponerla en muchas de las principales regiones productoras de alimentos del mundo. La Comisión Mundial del Agua para el siglo XXI asegura que más de la mitad de los principales ríos del mundo están contaminados o en proceso de desecación.

LA PERDIDA DE BIODIVERSIDAD Y LA DEGRADACIÓN DE LA NATURALEZA SALVAJE


Los biólogos conservacionistas aseguran que aproximadamente del 10 al 40% de todas las especies conocidas en el planeta tierra están al borde de la extinción. La increíble riqueza de la biodiversidad que hace posible las alternativas de supervivencia evolutiva, aquí en nuestro hogar, se está viendo dramáticamente mermada. Un genetista me decía en una ocasión que no me preocupara por las especies que se fueran extinguiendo porque la revolución biotecnológica se ocuparía de diseñar nuevas especies con las que repoblar la tierra, y que éstas estarían mejor dotadas que las diseñadas por la propia naturaleza. Interesante -- inquietantemente interesante.

LA DEFORESTACIÓN MUNDIAL


La rapacidad y prácticas de la industria maderera movida por su afán de rápidos beneficios de la siempre creciente demanda de productos y derivados del papel, materiales de construcción y combustible doméstico, está diezmando los bosques mundiales a un ritmo escalofriante. Se ha destruido aproximadamente un 80% de los bosques primarios -- de crecimiento lento -- del mundo. Como ya hemos mencionado previamente del informe P.M.G. 2000 de las Naciones Unidas, la destrucción de la selva tropical es ya irreversible por muchos mitos que los apologistas de la industria maderera se esfuercen en crear. David Schindler, uno de los ecologistas más prestigiosos de Canadá augura a los bosques boreales de Canadá 50 años de vida, a menos que Ottawa ponga remedio de inmediato. Esto no puede seguir así.

CONTAMINACIÓN QUÍMICA


En la década de los 60 Rachel Carson publicaba su pionero estudio sobre la propagación de tóxicos químicos sintéticos titulado Silent Spring [+/- Surtidor Silencioso]. Unos treinta años después, el Dr. Theo Colborn, veterano científico e investigador de World Wildlife Fund, publicaba su obra titulada Our Stolen Future [Nuestro Futuro Robado] en la que concluía que muchos compuestos sintéticos industriales estaban amenazando nuestra fertilidad, inteligencia y supervivencia. En Europa, el gobierno de la Unión Europea hacía pública una advertencia a la ciudadanía desaconsejando el consumo de agua de lluvia, puesto que diversos análisis demostraban que contenía una combinación tóxica de pesticidas y contaminantes industriales. En Canadá el gobierno de Alberta emitía una advertencia similar. Ya no podemos eludir por más tiempo la realidad de que hay sueltas sustancias tóxicas perennes que están envenenando nuestro aire, nuestra agua, nuestra tierra, nuestros alimentos y nuestros hogares.

LA NUEVA HISTORIA: DESVIAR NUESTRO DISCERNIMIENTO DE LA REALIDAD PRIMARIA HACIA UN INNOVADOR PARADIGMA CIENTÍFICO


La sociedad industrial moderna es, salvo raras excepciones, tóxica para todas las formas de vida que habitan esta biosfera denominada tierra. El modelo científico predominante que conforma, informa, y perpetúa esta sociedad, es fundamentalmente defectuosa. Este procedimiento de percepción de conceptos y la ideología en la que desemboca es peligrosa y destructiva, por no mencionar el sufrimiento que está generando a todos los seres sensitivos. Esta ciencia, desde su prisma tecnicísta y reducionista, implica un modelo de investigación y conocimiento incompetente y fragmentario, en total contraposición con el modo de conocimiento pleno derivado de la siguiente máxima: todos los seres son interdependientes, interpenetrables e interactivos. El bien acogido fin de la fragmentación de la especialización de las ciencias y las humanidades dará lugar a la la unidad de todo conocimiento. El dualismo inherente al viejo sistema implosionará. La ciencia y la espiritualidad serán consubstanciales.

EL CONSUMO DESAFORADO, LA SOBREPOBLACIÓN Y ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE MODELOS DE SOCIEDAD VERDADERAMENTE SOSTENIBLES


Hoy vivimos en un mundo sumido en una desigualdad extrema. Un mundo en el que un privilegiado 20% de la población utiliza el 85% de todos los bienes y servicios. O, visto desde otro ángulo, tres mil, de los seis mil millones de personas que pueblan el planeta viven con dos dólares estadounidenses al día. Esta absurda situación no sólo es moralmente indecente, sino que es, además, un claro indicio de una inminente catástrofe ecológica. La población mundial sigue creciendo a razón de 80 millones de personas al año. La población del planeta se ha duplicado desde aproximadamente la década de los 60, y es harto probable que vuelva a doblarse antes de que finalice el próximo milenio. La tierra es un sistema finito con un ecosistema que proporciona tan sólo una determinada cantidad de servicios por persona y, si sobrecargamos esos servicios, el desmoronamiento del sistema es irremediable. Aunque el mayor índice de crecimiento de la población durante el próximo milenio se dará en el mundo "subdesarrollado", el nivel de consumo de los opulentos países "superdesarrollados" hace que sean los lugares más "superpoblados" del planeta.

Si pretendemos crear sociedades verdaderamente sostenibles y evitar el descontento social masivo, (téngase en cuenta el coste ecológico de los ejércitos y el hecho de que la mayoría de ellos libren guerras por el acceso a los recursos), hemos de reducir considerablemente esa tendencia al alza de las presiones concernientes tanto a la población como al consumo. También tendremos que abordar, y no sólo de boquilla, la realidad del hecho de que la naturaleza de los temas concernientes a la equidad es siempre medioambiental. Además, está el hecho de que la paz en el mundo sería una idea sin par.

LA GLOBALIZACIÓN, LA ECONOMÍA Y LA BIODIVERSIDAD DE LA MENTE


Muchos de los más prominentes científicos ecologistas de nuestra época consideran la globalización económica como la más grave de las amenazas a la que se enfrenta tanto la ciudadanía como la ecología mundial. La siempre creciente integración económica en curso se traduce en que, de las cien economías más poderosas del mundo, 51 hoy se hallen en manos privadas. Esto significa que estos gigantes multinacionales hoy tienen más poder que muchos gobiernos. Cada vez más dictan las condiciones sanitarias, laborales y medioambientales que habrán de sentar la norma en el ámbito mundial. Movido exclusivamente por el afán de lucro, este sistema, conocido como el lasser faire capitalista, parte de la premisa de que sólo el crecimiento constante podrá garantizar la supervivencia de la humanidad. (¡Que la suerte acompañe al resto de las especies!) Debiéramos comprender que el concepto de crecimiento constante le es ajeno a todos y cada uno de los sistemas presentes en la naturaleza. De todos los tipos de preocupación que pueda uno sentir por la globalización económica -- que no son pocas--, cabe que ésta sea la más perniciosa de todas para la supervivencia de la civilización humana, tal cual existe. De ahí la urgencia de un cambio de rumbo radical con respecto a la economía. De proseguir con esta dinámica materialista, los seres humanos se verán trasformados en el proceso del tal llamado libre mercado. Hemos de convertirnos en consumidores dentro de una monocultura global y ni siquiera será preciso que nos entreguemos en cuerpo y alma al concepto de desarrollo económico y progreso material. ¡El proceso mismo nos asimilará! ¡Adiós a la diversidad!

O sea, que esto es lo que hay, señoras y señores. Confío en que hayamos realizado una buena aproximación a la comprensión del corazón de la bestia. En los siguientes artículos recalaremos en los ocho apartados aquí presentados, indagando en ellos en toda la profundidad que la comprensión del tema se merece. También visitaremos el universo de la concreción. Es conveniente tener presente que todos los retos reflejados en este artículo, sin excepción alguna, tienen solución. Y aunque cabe que ahora mismo sea una período sombrío, la humanidad es extraordinariamente afortunada en tanto que toda ella posee un legado de lo más preciado. Todo el mundo tiene una gran reserva de inteligencia creativa. Y, si bien es cierto que tenemos el potencial de padecer una enorme confusión, la otra cara de la moneda resulta igualmente cierta: el ser humano también tiene un enorme potencial para alcanzar una gran ilustración.