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Talleres de Huerta Orgánica BIOINTENSIVA e Introducción a la Permacultura
Sistema BIOINTENSIVO
El sistema de cultivo BIOINTENSIVO, mediante experiencias realizadas en la región desde 1994 ha demostrado:
Producir entre 2 y 4 veces más que el promedio de nuestra región, utiliza menos de agua, incrementa la cantidad de materia orgánica del suelo, utiliza sólo herramientas manuales y es sostenible.
Docentes a cargo:
• Ing. Agr. Fernando Pia: Técnico Extensionista de la Dirección de Agricultura de la Pcia. del Chubut, Director y Fundador del CIESA, 20 años de experiencia en Agricultura Orgánica y 12 años en el sistema BIOINTENSIVO. Disertante en conferencias: Universidad Davis USA; FAO Nac. Unidas, Alemania; IFOAM Argentina, Dinamarca, Suiza, y Canadá, galardonado con el Premio SARD en IFOAM’ 02 en Canadá. Autor del libro "Huerta Orgánica BIOINTENSIVA - Diez años de Experiencia”
• Permacultor Carlos Straub: Pionero de la Permacultura en Argentina. Socio Fundador de la Asociación de Permacultura "Diversidad" de EL Bolsón con 10 años de experiencia en Huerta BIOINTENSIVA, Productor Artesanal de semillas orgánicas. Docente en más de 30 talleres de Huerta Orgánica BIOINTENSIVA
Inscripción:
Costo: $250.- Seña para reservar cupo: $ 50.- Cupos limitados
Para pagar la seña o el curso completo efectuar depósito en Caja de Ahorro Banco del Chubut Nº016-001-00000224083/4
Descuento a residentes. Incluyen:
a) Libro "Huerta Orgánica BIOINTENSIVA-10 años de experiencias en el CIESA".- por Ing.Agr. Fernando Pia.
b) Carpeta con material bibliográfico
c) Refrigerios
d) Dos almuerzos elaborados con verduras orgánicas
e) Lugar para cocinar
f) Todas las verduras de estación de nuestra huerta, que usted necesite para preparar su comida
g) Lugar para hospedarse en carpa, baño seco y ducha con agua caliente
h) Biblioteca y videoteca a disposición
Cronograma de Talleres
1º Taller de Febrero Viernes 10 al Domingo 12
CIESA
Tel: 02944-471-832/473-005
proyectociesa@gmail.com
2º Taller de Febrero Viernes 24 al Domingo 26
CIESA
Tel: 02944-471-832/473-005
proyectociesa@gmail.com

Una propuesta para la creación de puestos de trabajo sustentables
Frente a la desocupación y el hambre que castiga a una gran cantidad de ciudadanos, debemos todos tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos ante ellos y ante una juventud desorientada e imaginar cómo se crearán puestos de trabajo genuinos, es decir: productivos, dignificantes de las personas y perdurables en el tiempo. Queremos hacer pública una propuesta que facilitará una salida laboral segura para quienes la adopten, si se lograra el apoyo para concretarla.
No puede compararse la desocupación en la Argentina con la desocupación en países superpoblados, porque nosotros tenemos un país enorme y vacío para poblar y compartir. Disponemos de un territorio apto para generar millones de puestos de trabajo y una mejor calidad de vida.
Una de las principales causas por la que la gente emigra del campo a las ciudades es porque en el campo no existe tejido social. Un hombre solo en medio del campo es un prisionero de la soledad: no llega a ser ni siquiera un ermitaño por voluntad propia. Un matrimonio es una célula social tan pequeña que no llega a constituir una familia y el sufrimiento compartido es mayor aún que el sufrimiento solitario, pues se ve sufrir al ser amado, y se suma al dolor de sentirse impotente para hacerlo feliz.
La gente nunca fue sola al campo, siempre fue en grupos auto suficientes, llámense éstos tribus, comunidades, colonias o kibutz. Conjuntos de hombres y mujeres con el ideal común de forjar un futuro para sí y para sus descendientes, conviviendo en un ámbito social acorde con los principios humanos de solidaridad.
Proponemos, para generar nuevas fuentes de trabajo, aprovechar la riqueza de nuestro territorio y revertir la tendencia demográfica de sobre poblar las ya grandes ciudades, que genera serios problemas sociales y ecológicos, creando y promoviendo Comunidades Agro-industriales Ecológicas Autosuficientes.
Deberán otorgarse créditos para la compra de tierras y elementos necesarios para la producción a grupos de personas dispuestos a construir sus viviendas, y constituir comunidades autosuficientes.
Esas comunidades serán fuente de riqueza, generarán trabajo, gastarán energía para labrar la tierra, para transportar al mercado sus productos y crearán nuevas actividades que contribuirán positivamente a incorporar mayor valor a sus recursos productivos.
A fines del siglo pasado, con la formación de las colonias en la Argentina, se generó un conjunto de pequeñas actividades agrícolas en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, donde nacieron -entre otros establecimientos- pequeñas fábricas de arados, de cosechadoras, de cerveza, molinos harineros, de productos lácteos - que luego agrupados formarían SanCor y Milkaut -, de motores eléctricos y hasta de aviones en la localidad de Morteros.
La Cooperativa de Trabajo de Campo de Herrera, que se constituyó en el año 1967, es un buen ejemplo de lo que puede lograr el ser humano si se propone metas. Era un conjunto de 116 cañeros que cortaban caña para el ingenio Bella Vista. En dicho año, este establecimiento quebró en medio de la gravísima crisis azucarera que afectó a la provincia de Tucumán. Al quedar sin trabajo, crearon la Cooperativa de Trabajo de Campo de Herrera gracias al apoyo social y técnico que les brindó el INTA de Famaillá y al crédito otorgado para comprar 2.000 hectáreas del ingenio quebrado. Con este emprendimiento, que privilegió el valor del trabajo grupal, pudieron lograr la autosuficiencia en alimentos, salud y educación, mejorando sustancialmente la calidad de vida de sus miembros. Actualmente, los habitantes de esta comunidad poseen confortables viviendas que fueron construidas por ellos mismos, además de un taller de confección de ropa, una fábrica de ladrillos. Todo ello sin desmedro del cumplimiento de las metas establecidas en los principios de su formación: trabajar la tierra diversificando la producción agrícola, rotando los cultivos y cuidando de no explotarla sino de aprovecharla ecológicamente, pues saben que los hijos de sus hijos vivirán de ella. Es así que poseen una granja para consumo de la comunidad, que retira de la misma ; en forma totalmente gratuita - los vegetales que necesarios para su alimentación, además de producción de cítricos (que se exportan) y de frutillas.
Tenemos cientos de ejemplos en cada pueblo del interior desde los galeses en el Sur, a los alemanes y polacos en el norte, los judíos en Entre Ríos y en Santa Fe, suizos en Nueva Helvecia y en San Carlos, italianos y españoles en todo el país. Todos esos pueblos nacieron como comunidades autosuficientes y sobrevivieron decorosamente. Había en ese entonces una política de colonización y entes concordantes que lograban amalgamar los grupos humanos.
En Israel, los Kibutz implantados en el desierto, son hoy generadores de actividades productivas como las del riego por goteo o paneles solares, a partir de la creación de su propias tecnologías. Ello constituyó la base para generar nuevas exportaciones, como así también idear soluciones acordes con sus necesidades y no la adopción de soluciones ideadas para otro medio natural y social. Hoy producen, a pesar de constituir sólo el 2% de la población total del país, el 40% de los alimentos y el 9% del producto industrial de exportación.
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Para materializar rápida y eficazmente la creación de comunidades agroindustriales ecológicas y autosuficientes se necesitará crear una institución convocante dirigida a aquellos que deseen formar este tipo de emprendimientos. Este nuevo ente deberá contar con el mayor apoyo político e institucional que permita asegurar la asignación de crédito y apoyo tecnológico necesarios para garantizar la realización de los proyectos con visión de futuro.
Los principios básicos sobre los que fundamos nuestra propuesta se encontrarán en las respuestas a el puñado de preguntas que más abajo detallamos.
¿Por qué comunidades? Para recrear formas de convivencia social donde la relación de cooperación mutua pueda otorgar un marco de seguridad grupal, autovaloración del individuo y del conjunto, produciendo una estructura de alto rendimiento social. La familia, al formar parte de un grupo más amplio, potencia el desarrollo y la integración social de todos sus miembros. La base de la comunidad está en la solidaridad, en oposición a la competencia que destruye los lazos humanos, los recursos productivos y la naturaleza, solidaridad que nace del vínculo y el afecto que brinda el grupo humano con el que se comparte la vida y el trabajo. Los emprendimientos comunitarios facilitan la rotación de las tareas y posibilitan descansos y vacaciones familiares compartidas. Cuando se trabajan parcelas económicas individuales, todo se hace más difícil. Por otra parte, es mucho mas sencillo el traspaso de la tecnología apropiada a través del INTA, o de otras instituciones posibles de ser creadas a tal efecto, cuando se tiene a la gente reunida en una única unidad productiva, en una comunidad.
¿Por qué autogestionadas? Para implementar formas democráticas y participativas de organización de la producción, el consumo, el hábitat, la educación y las actividades culturales, donde el individuo pueda elegir y ser elegido, participar de la gestión de los bienes comunes y ser dueño de su destino. Esta participación, a la vez que aumenta el grado de responsabilidad social, hace que cada uno se sienta lo suficientemente involucrado en el proyecto como para procurar su éxito, salvando los obstáculos que se puedan presentar, y permite la expresión de las propias pautas culturales.
¿Por qué agroindustriales? Porque el mejoramiento y transformación de los productos con su industrialización – de forma tal que el valor agregado quede en el propio lugar – permite la creación de nuevas fuentes de trabajo y, a la vez, la generación de un excedente que garantice la expansión económica adecuada, la creación de servicios, la investigación, el adelanto tecnológico, el mejoramiento de las condiciones de vida de los propios productores y no de los intermediarios. Las comunidades deberán procurar alcanzar el grado máximo posible de autosuficiencia en materia alimentaria y energética, a fin de poder superar las difíciles etapas iniciales.
¿Por qué ecológicas? A fin de que los recursos naturales sean aprovechados con criterios que permitan el establecimiento de un equilibrio entre el hombre y la naturaleza. De este modo se impedirá la degradación de los suelos, la contaminación de ríos y lagos, las napas subterráneas, el aire, la destrucción del bosque y la desaparición de especies. Toda acción de explotación de la naturaleza sólo para obtener resultados inmediatos, se convierte, a largo plazo, en la peor inversión, debido a los resultados nocivos que provoca sobre las mismas fuentes de riqueza. Por eso debe tenerse como premisa la no explotación del recurso sino su aprovechamiento racional a perpetuidad. La cultura ecológica comunitaria les hará cuidar la tierra que será de sus hijos.
¿En qué tierras? En tierras adquiridas para este fin específico mediante líneas de crédito o también en tierras fiscales hoy no aprovechadas o subaprovechadas por el estado nacional o los estados provinciales. También en las que resulten de la reunión de grupos de minifundistas. Un área extensa posibilita el reparto de los riesgos por la diversificación de cultivos, un mejor aprovechamiento productivo, el autoabastecimiento de alimentos y energía, la investigación y la industrialización. El minifundio y el reparto de la tierra formando pequeñas parcelas individuales genera pobreza y torna a la célula familiar en esclava de la tierra, sin descansos ni seguridad.
¿Con qué recursos? Con créditos provenientes del estado nacional, provincial o municipal. Con los fondos previstos para la forestación, para el desarrollo cooperativo, para las energías no convencionales, para desarrollo turístico, etc. Con los que aporten las propias comunidades en aquellos casos en que pudieran hacerlo. Con los créditos y subsidios provenientes de organismos ecológicos y cooperativos internacionales para el desarrollo agroindustrial, que deberán ser avalados por el estado nacional. Con los fondos provenientes de los distintos ejercicios económicos que vayan siendo capitalizados por la comunidad. Con fondos previstos para la construcción de viviendas. A través de estos sistemas de autogestión, puede solucionarse, no sólo el problema de vivienda, sino también el del trabajo. Lo más importante es que con una reducida inversión puede financiarse la creación de numerosos empleos rurales, punto de partida de la posterior transformación de los insumos primarios, y el consiguiente aumento de la producción y oferta de bienes. Este hecho contribuirá positivamente al incremento del consumo local y a la exportación de sus excedentes.
¿ Con qué gente? Con todos los hombres y mujeres con espíritu emprendedor dispuestos a encarar nuevas formas de vida; con otro estilo de interrelación social más humana, solidaria y democrática. Con aquellas personas que abandonaron su terruño esperando encontrar mejor calidad de vida en las grandes ciudades. Invitándolos a generar este tipo de emprendimientos, tendríamos un principio de solución al gran problema de la mala distribución poblacional. Deberían tener prioridad, en todos los casos, los habitantes del lugar que manifiesten su voluntad de incorporarse a un emprendimiento de esas características y las comunidades aborígenes a las que deberíamos apoyar para potenciar sus posibilidades de proyectarse respetando su idiosincrasia y sus formas de vida, ayudándolos a desarrollar sus propias tecnologías.
¿Bajo qué forma legal? Preferentemente como cooperativas de trabajo, conforme los principios de la ley 20.337 y las normas específicas en la materia que garantizan el principio de autogobierno democrático, participación en los excedentes conforme el trabajo aportado, igualdad de derechos, no discriminación por razones de edad, sexo, raza, política, cultura o religión. Podría ser también bajo otras formas comunitarias a desarrollarse en el futuro, basadas en principios que garanticen equidad e igualdad de participación, sin discriminaciones. La tenencia social de la tierra compartida posibilita agrupamientos humanos que satisfacen todas las necesidades sociales que le están vedadas a una familia aislada. Al crear las condiciones para que el individuo ocupe un lugar en un grupo, sin perder su identidad, se posibilita que se proyecte en un medio que lo valora por lo que comparte y aporta a dicha comunidad. Este método de integración creará fuentes de trabajo que retendrán a la población en su lugar de origen.
El sistema propuesto generará puestos de trabajo con poca inversión por parte del Estado y generará nuevos desarrollos económicos y sociales conforme con nuestras potenciales fuentes de alimentación y energéticas, acordes con nuestras necesidades reales y con nuestra cultura.
APRODECO

IMPORTANTE: DESDE AQUÍ, NOS PROPONEMOS ABRIR UNA EXPANSIVA LÍNEA DE REFLEXION SOBRE ALDEAS ECOLÓGICAS. NO BASTA PROTESTAR, RECLAMAR O DENUNCIAR LO QUE NOS PARECE ABERRANTE. NOS TOCA TRATAR DE CONCRETAR EN LA REALIDAD LO QUE QUISIÉRAMOS VER EN EL LUGAR DE LO QUE NO QUEREMOS. SEGUIREMOS, CLARO ESTÁ, CON LA TEMÁTICA DE LA CIUDAD VERDE.
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Robert Gilman, en su libro Ecoaldeas y Comunidades Sustentables (1991), postula que una Ecoaldea es un asentamiento a escala humana de rasgos holísticos, donde las actividades humanas están integradas al mundo natural de manera no dañina, de tal forma que den apoyo a un desarrollo humano saludable y que pueda continuar indefinidamente en el futuro”.
Todo proyecto relacionado con una Ecoaldea tiene sus inicios en una filosofía más o menos común entre todos los miembros que desean emprenderlo. Estos son la sostenibilidad de los recursos, la ecología, la relación con la tierra y el entorno social y la máxima autosuficiencia. La idea de las aldeas ecológicas nace en los años sesenta, cuando aparecen las primeras comunidades y se formula el concepto de permacultura, que consiste básicamente en la combinación de un respeto profundo por la naturaleza con la sustentabilidad económica.
En el área de la construcción ambiental, una ecoaldea debería contemplar el empleo de materiales naturales, el uso de fuentes energéticas renovables además de que las construcciones albergadas en su interior tengan un equilibrio entre lugares públicos y privados que estimulen de esta forma la interacción comunitaria y den cabida a espacios de diversidad y creatividad. Por lo general, las construcciones priorizan criterios estéticos y técnicos que se adecuen a su entorno, como lo son lasviviendas de geometría semicircular o piramidal que se caracterizan por su simpleza, tales como el Tipi y el Domo Geodésico.
La producción de los alimentos y de energía en la mayoría de los casos de ecoaldeas se integra con el hábitat. Un ejemplo es el método utilizado en la ecovilla argentina "Gaia", donde el régimen de vientos de la Pampa Húmeda favorece el uso de la energía eólica asegurando, de esta manera, todos los servicios de la vida urbana, incluso el acceso a Internet y la obtención de agua potable de napa.
Cabe destacar, quelos habitantes de las ecoaldeas no rechazan la tecnología moderna, sino que promueven su uso de una manera sustentable, es decir, tratando de construir asentamientos que satisfagan los requerimientos de la comunidad. Tal como señala el Dr. J.T. Ross Jackson en su documento sobre el movimiento ecoaldeas, se trata de crear un espacio "que provea una alta calidad de vida sin tomar más de la tierra que lo que se le devuelve.”
A diferente escala, en países como Argentina, México, Sudáfrica, India y Sri Lanka, existen una red de más de diez mil aldeas, con alrededor de nueve millones de habitantes, donde han alcanzado la sustentabilidad alimentaria, comprobando la tesis de que la permacultura, una vez equilibrado el ecosistema, asegura su propia sustentabilidad.
En Chile, actualmente existen sólo dos ecoaldeas funcionando: “Pualafquén”, ubicado a pocos kilómetros del balneario de Coñaripe y del Lago Calafquén, y colindante con la reserva ecológica que lleva el mismo nombre de la ecoaldea y "Portezuelo", ubicada en la Región del Maule, a cincuenta kilómetros de distancia de los embalses Colbún y Machicura y cercana a las termas de Panimávida y Quinamávida. En Ambas se desarrollan talleres en torno al concepto de permacultura, terapias, sanaciones y artesanía de la zona. La idea básica es integrar un grupo de ecoaldeanos que, sin apartarse del mundo, puedan ir creando una alternativa modelo tan buena que cualquiera quiera imitar. Desde luego, con el firme compromiso de trabajar sobre sí mismo, día a día, de manera de prevenir desde el comienzo cualquier desavenencia que vaya en perjuicio del grupo y de su armonía.
A pesar de la existencia de estas dos aldeas ecológicas,nuestro país tiene escasa experiencia con este tipo de alternativa de vida, además de existir poca difusión y promoción.
(hacer click en el título para ampliar la info y acceder al cronograma de labores)
Panos Manikis (discípulo directo de Masanobu Fukuoka) llegará a la Argentina en el mes de febrero del 2009. Se realizarán cursos, talleres, conferencias, y charlas sobre la filosofía y práctica del Cultivo Natural. Además habrá experiencias de reverdecimiento con el método de NENDO DANGO (bolitas de arcilla).
En diferentes puntos del país y países limítrofes será posible tener con nosotros a uno de los pocos discípulos del maestro Masanobu Fukuoka y principal activista en el reverdecimiento del planeta con los métodos de Cultivo Natural.
La naturaleza, mirada hoy como un recurso para satisfacer necesidades de progresos materiales de una parte de la población mundial, está en una etapa de deterioro tan palpable, que alarma a toda la población. Hoy en día se plantean muchas situaciones aisladas.
El Cultivo Natural se presenta como una respuesta que abarca todos los aspectos de la vida. Masanobu Fukuoka, a través de sus escritos, plantea, que llevando una vida sencilla en comunión con la naturaleza, todos los elementos necesarios están presentes, ya no tendríamos necesidad de cuidarla aisladamente. “La gente ya no pone los pies descalzos en la tierra pelada. Sus manos se han alejado de hierbas y flores, no dirigen su mirada al Cielo, sus oídos están sordos al canto de los pájaros, su naríz se ha hecho insensible a causa de los humos de los tubos de escape y su lengua y su paladar han olvidado los sabores sencillos de la Naturaleza. Los cinco sentidos han crecido aislados del orden natural. La gente se ha alejado dos o tres escalones del hombre verdadero...los verdaderos gozos y deleites del hombre eran un éxtasis natural. Esto sólo existe en la Naturaleza y se desvanece lejos de la Tierra.
Un medio ambiente no puede existir fuera de la naturaleza, y así la agricultura deberá ser el fundamento para vivir. El retorno de toda la gente al campo para cultivar la tierra y crear aldeas de hombres verdaderos es el camino a seguir para la creación de ciudades ideales y naciones ideales”.
Trabajar junto a la naturaleza va más allá de cultivar la tierra para obtener un producto. El Cultivo Natural se opone radicalmente a todos los conceptos y valores existentes en la sociedad hoy imperante, y nos reclama un cambio en la forma de ver y valorar las cosas. Justamente en un momento de la humanidad en donde existe una crisis económica, política y cultural, y que ésta está llegando a su límite de tolerancia. Ya estamos sintiendo la falta de alimentos, la falta de combustibles, la explotación y destrucción sin retorno de amplias zonas de tierras que fueron fértiles, y otras tantas manifestaciones que nos indican que hay que cambiar de modelo. Y que el despertar a un nuevo modo de vida debe ser dentro de la naturaleza.
Es por todo esto que un grupo vinculado al movimiento de Agricultura Natural
considera de gran aporte tener la visita del principal discípulo Masanobu Fukuoka:
Panos Manikis; quien durante estas últimas décadas se ha encargado de difundir sus enseñanzas, participando activamente en los dos pilares fundamentales en los que deberíamos basarnos para la creación del nuevo mundo:
1. El reverdecimiento de amplias zonas del planeta en proceso de erosión y desertificación mediante la siembra masiva de semillas encerradas en bolitas de arcilla (NENDO DANGO); y de esta manera aumentar las lluvias atraídas por los bosques, y;
2. El establecimiento de granjas naturales autosuficientes; en donde cada familia pueda obtener todas sus necesidades.
Edificios “verdes” maduran en India
Publicado el Septiembre 18, 2008
BANGALORE, India, sep Por Keya Acharya
IPS) - Las normas que rigen en India el ahorro de energía en los edificios no son de cumplimiento obligatorio, pero en esta materia el país es mucho más “verde” que muchas naciones ricas.
“En términos de ritmo y velocidad estamos significativamente adelantados”, dijo Chandrasekhar Hariharan, director gerente de la empresa Conservación de la Biodiversidad (BCIL, por sus siglas en inglés), con sede en Bangalore, la mayor constructora india de viviendas ambientalmente amigablesa.
Un “edificio verde” está diseñado para ser lo más eficiente posible en ese aspecto, así como en su consumo de recursos como agua y materiales de construcción y en la disposición de residuos sólidos.
Otra intención es que sea viable tanto para el cliente como para el constructor en términos financieros, estéticos y de funcionalidad.
La modesta superficie de 2.300 metros cuadrados ocupada por este tipo de construcciones en 2003 ha crecido a 2,3 millones de metros cuadrados en cuatro años, y que se proyecta un aumento anual de 93.000 metros cuadrados para 2010.
Así lo indicó S. Raghupathy, director del Consejo de Edificios Verdes de India (IGBC, por sus siglas en inglés), organización creada en 2000 que reúne a empresas, agencias gubernamentales e instituciones de la sociedad civil.
Una de las razones que explican esta rápida expansión es el sostenido crecimiento de la economía india y su carácter de potencia económica emergente, lo cual alimenta la demanda de construcciones comerciales, residenciales y de infraestructura.
Aunque el consumo por habitante es mucho menor en India que en las economías occidentales, el sector de la construcción y los edificios ha pasado de utilizar 14 por ciento de la energía generada en los años 70 a casi 30 por ciento en la actualidad.
Los edificios en los países ricos consumen alrededor de 40 por ciento de la energía generada y constituyen una gran fuente de emisión de gases contaminantes, dijo Mili Majumdar, directora asociada de ciencias de edificios sustentables en el Instituto de Recursos Energéticos (TERI, por sus siglas en inglés).
La mayoría de los edificios indios copian los patrones occidentales de uso intensivo de energía, por lo que la eficiencia es vital, dado el rápido crecimiento económico, agregó.
El área comercial y residencial construida en 2004 y 2005 sumó alrededor de 40,8 millones de metros cuadrados, aproximadamente uno por ciento del total anual promedio en todo el mundo. La demanda y la escasez de oferta se mantienen.
Según el Banco Nacional de Vivienda, India presenta un déficit de 8,9 millones de viviendas en las ciudades.
En Bangalore, la premiada área residencial del BCIL, T-Zed (apócope en inglés de “hacia el desarrollo de energía cero”), trata y recicla el agua de lluvia almacenada. También utiliza calefacción e iluminación solar y un sistema de aire acondicionado sin compresor que mantiene a las casas libres de polvo y refrigeradas.
“Incluso bebemos el agua que sale de la canilla”, dijo Taranjit Nair, una residente del complejo, madre de dos hijos. Esto es un lujo en India, dada la pobre calidad del suministro.
En Nueva Delhi, el TERI ha sido de ayuda al gobierno en sus esfuerzos para establecer regulaciones hacia la construcción de viviendas “verdes”.
Su edificio emblemático, el Centro de Hábitat Indio, representa una isla de espacios verdes y ventilados. Su centro de entrenamiento en Gurgaon, a unos 50 kilómetros de la capital, emplea numerosas técnicas para reducir la demanda de energía con fines de refrigeración, calefacción e iluminación.
Los estándares para edificios “verdes” del IGBC se basan en los del estadounidense Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental (LEED, por sus siglas en inglés), que califica a las construcciones por su manejo de la energía, disposición de residuos y calidad del aire en interiores.
Raghupathy rechaza el argumento de que las pautas de LEED no son aplicables en India porque se basan sobre conceptos, como el uso de aire acondicionado, que son occidentales.
“Los principios de los edificios ‘verdes’ son universales y LEED está evolucionando en forma constante”, afirmó. “Los ahorros en energía y agua atraen a más constructores comerciales al IGBC.” (FIN/2008)

Por Stephen Leahy
El encarecimiento del petróleo y del transporte puede obligar a los gobiernos a volver a confiar en la producción local de alimentos, afirma en entrevista con Tierramérica el científico Michel Pimbert.LONDRES, 19 may (Tierramérica).- La actual crisis alimentaria ha revivido el mito de que el mundo no produce suficiente comida para toda su población, afirma Michel Pimbert, autor de un nuevo estudio que propone revalorizar la producción local.
La crisis es una manufactura del sistema global de mercado, sostiene Pimbert, director del Programa de Agricultura y Biodiversidad del Instituto Internacional para el Ambiente y el Desarrollo (IIAD), con sede en Londres.
Hay que desandar la globalización y evolucionar hacia la producción alimentaria local, que permita a la gente controlar su propia nutrición, ingresos y economías, desde los hogares hasta el plano regional.
Pimbert expone sus ideas en la publicación en Internet "Towards Food Sovereignty" (Hacia la soberanía alimentaria), que incluye vídeos y audios con testimonios de agricultores, indígenas y consumidores.
Los primeros tres capítulos están disponibles gratuitamente en el sitio web del IIAD (http://www.iied.org/).
Pimbert no es el único que reclama cambios de rumbo en la agricultura.
El 15 de abril, la Evaluación Internacional del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (IAASTD, por sus siglas en inglés) difundió investigaciones de varios años y concluyó que seguir con las prácticas agrícolas habituales conduce al desastre.
Aunque no tomó parte directa de los trabajos de la IAASTD, Pimbert afirma que su investigación fue paralela, al trabajar directamente con pastores y agricultores tradicionales para incluir sus puntos de vista, en general marginados.
Tierramérica dialogó con Pimbert en su oficina de Londres.
Tierramérica: --Muchos funcionarios e instituciones reclaman una mayor producción alimentaria para resolver la crisis de la carestía. ¿Qué piensa usted?
Michel Pimbert: --Que no hay bastante comida para alimentar a todos es un mito persistente. Las cuestiones reales son la distribución de los alimentos y la desigualdad de los ingresos.
Entidades como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) reclaman más investigación para elevar los rendimientos de las cosechas. Es más de lo mismo. Nadie se fija en el acceso a los alimentos y a la tierra. Es mucho más fácil hablar sobre cuestiones tecnológicas que sobre el panorama completo.
Es momento de mirar qué es lo que está mal en el sistema alimentario mundial y hallar maneras de que funcione mejor, especialmente para las comunidades pobres y marginadas.
-- ¿Qué son los sistemas alimentarios locales?
-- Comienzan en el hogar y se expanden al vecindario, el municipio y la región. Junto a la producción alimentaria se incluye el procesamiento, distribución, acceso, consumo, reciclaje y disposición de residuos. Varían mucho entre un lugar y otro y son la base del sustento, la cultura y el bienestar de cientos de millones de personas, en su mayoría de naciones en desarrollo.
-- ¿Cuáles son las ventajas de la producir los alimentos en el mismo lugar donde se consumen?
-- Es mucho más democrático, ofrece más control a los ciudadanos. Es ecológicamente más sustentable y más adaptable a las condiciones cambiantes.
Mantiene los recursos dentro de la comunidad y genera más ingresos locales. Además, potencia la diversidad cultural, reflejando la historia y las circunstancias de cada lugar. Después de todo, la comida es cultura.
-- ¿Qué hay que hacer: crear o fortalecer sistemas alimentarios locales?
-- Gobiernos, corporaciones internacionales y otras elites marginan o directamente amenazan los remanentes de estos modelos y los ecosistemas de los que dependen. Treinta años de políticas neoliberales han devastado la producción local con el comercio desleal (dumping) de alimentos fuertemente subsidiados de las naciones ricas a las pobres.
-- ¿Cómo recuperar la producción local en un país destruido como Haití, por ejemplo, donde ha habido disturbios por falta de alimentos?
-- Lo primero es observar las políticas que impiden o dificultan el surgimiento de estos sistemas. Detener las importaciones de alimentos baratos subsidiados sería un primer paso. Se puede lograr que los sistemas alimentarios sean justos y sostenibles. Pero se necesitan políticas nacionales e internacionales que promuevan la soberanía alimentaria junto con fuertes federaciones de organizaciones locales.
La protección de la agricultura nacional es indispensable en muchos países pobres. Es interesante que varias naciones estén haciendo eso precisamente ahora. India, por ejemplo, rechaza el principio de la Organización Mundial del Comercio de que hay que abrir los mercados, pues intenta controlar su propia seguridad alimentaria.
-- ¿Qué quiere decir para usted soberanía alimentaria?
-- Es el derecho de las poblaciones a decidir sobre sus alimentos y agricultura. Tiene que ver con regenerar una diversidad de sistemas alimentarios autónomos basados en la equidad, la justicia social y la sustentabilidad ecológica.
-- ¿Qué impacto puede tener en este proceso el encarecimiento del petróleo y de la energía?
-- El sistema agroindustrial global es muy dependiente de la energía barata. Se requieren entre 10 y 15 unidades de energía para producir una unidad de energía alimentaria
Los sistemas locales de producción son mucho más eficientes en cuanto a consumo de energía, y el aumento de los costos de la energía y del transporte puede obligar a los gobiernos a reconocer esta realidad.
Como concluyó la IAASTD, nuestro sistema alimentario necesita una transformación completa para cumplir los desafíos de las próximas décadas. ¿Haremos pequeños ajustes o los cambios profundos necesarios para integrar alimentos, ecología, sustento y cultura?
-- ¿Qué espera lograr con su libro?
-- Generar debate sobre estos temas y elevar la conciencia sobre la necesidad de una transformación en todos los niveles. Espero que la gente reflexione y presione por el cambio.* Corresponsal de IPS.
Ciudades verdes
Por primera vez, en el mundo hay más personas viviendo en áreas urbanas que en el campo. Diversas ciudades han iniciado proyectos para hacercarse al ideal de ciudad verde buscando alcanzar el equilibrio entre progreso y sostenibilidad
El año que acaba de comenzar representa un punto de inflexión en la forma de vida de los seres humanos. Por primera vez, hay más personas viviendo en áreas urbanas que en el campo, según la ONU. Esto significa que a los problemas ya conocidos de las grandes urbes (contaminación, exacerbado consumo energético problemas de movilidad, inseguridad...) se le suma el hecho de que la mayoría de los pobres vive ya en las ciudades, con lo que corren el riesgo de convertirse en urbes gigantes con un centro histórico rodeado de enormes bolsas de miseria en forma de suburbios. En 2003, 280 millones de personas de Asia, África y centro y sur de América vivían hacinadas (cuatro o más personas compartiendo una pequeña habitación). La contaminación urbana mata a tres millones de personas al año y un millón de niños muere cada 12 meses por contaminación en el interior de las casas. Y todo ello, en un mundo en que la mitad su población (2.400 millones de personas) usa diariamente combustibles fósiles altamente contaminantes (como la gasolina).
Para conseguir que las ciudades sigan siendo el motor económico y de desarrollo social y el principal generador de riqueza de los países, la ONU asegura que es imprescindible mejorar las infraestructuras, el transporte y la salud de los nuevos habitantes y seguir buscando la manera de alcanzar el equilibrio entre progreso y sostenibilidad.
"Las ciudades se enfrentan en el siglo XXI a un reto sin precedentes. Su misma existencia está amenazada por las consecuencias del cambio climático. Su cohesión social y su estabilidad están amenazadas por la exclusión y las desigualdades. La calidad de vida y la salud de sus habitantes se ve cada día más perjudicada por el deterioro de la calidad del aire y del agua". Así arrancó el año pasado el último World Urban Forum, organizado por la ONU en la ciudad canadiense de Vancouver.
Entre las iniciativas que se presentaron, se encontraban los proyectos y las buenas prácticas de distintas ciudades, ejemplos a seguir para las demás que pueden aplicar a sus propias circunstancias. Proyectos de mayor o menor envergadura, muchos de ellos intentan acercarse al ideal de ciudad verde, mejorando la movilidad, fomentando el transporte público, en bici o a pie, en lugar del automóvil, o buscando un urbanismo basado en las energías renovables. Friburgo (Alemania), Vancouver (Canadá), Bogotá (Colombia) o Malmoe (Suecia) son algunos de los ejemplos.
Vancouver (Canadá)
Asomada a la costa canadiense del Pacífico, Vancouver es frecuente finalista en las competiciones mundiales sobre calidad de vida. Cuenta con la belleza natural de su entorno, es la cuna de Greenpeace y el hogar del conocido ecologista canadiense David Suzuki. Como anfitriona del Foro Urbano Mundial y de los futuros Juegos Olímpicos de Invierno en 2010, la ciudad sabe que debe aprovechar el momento para llamar la atención del mundo sobre grandes proyectos. Entre ellos está la creación de una comunidad sostenible en 32 hectáreas de primera categoría. La zona, situada en la orilla sureste de una ensenada llamada False Creek, está destinada a acoger también la villa olímpica.
"Los criterios que se están fijando para False Creek están sirviendo para que los promotores comprendan que construir en verde no tiene por qué costar necesariamente mucho más", dice Sean Pander, del grupo de Sostenibilidad en el Ayuntamiento de Vancouver. Todas las construcciones se atendrán a criterios de ahorro de energía, aprovechamiento del agua y máximo uso posible de materiales locales, reciclados y reciclables. El transporte también se verá afectado. Las plazas privadas de aparcamiento serán limitadas y se venderán aparte de las viviendas, para animar a los residentes a usar transporte público y bicicleta. Además, combinará edificios de apartamentos con bellos espacios públicos y se podrá ir a pie hasta el barrio de las oficinas en el centro. El vancouverismo combate la decadencia de los centros urbanos y la extensión urbana descontrolada.
En el último decenio, el Ayuntamiento ha utilizado métodos para animar a la gente a que ande, vaya en bicicleta y utilice el transporte público. Entre 1994 y 2004 hubo un 44% más de trayectos a pie; un 180% más de trayectos en bicicleta; un 20% más de uso del transporte público; y un 10% menos de trayectos en coche particular; la población creció un 20%.Además, se están haciendo modificaciones en todos los edificios públicos para un mejor aprovechamiento de la energía. El Ayuntamiento ha comprado coches híbridos, emplea biodiésel y recobra el metano generado en los vertederos y lo reutiliza para calentar invernaderos y generar electricidad.
Friburgo (Alemania)
Friburgo de Brisgovia, bastión de Los Verdes, que gobiernan con el 30% de los votos, ha recibido numerosos premios por su gestión del tráfico y las energías renovables, y acoge a visitantes de todo el mundo que vienen a aprender políticas que poner en práctica en sus países.
Friburgo sigue una política integral de tráfico coherente desde hace 35 años. "En esto no hay éxitos a corto plazo", advierte Martin Haag, jefe del departamento de Infraestructura del ayuntamiento, quien recuerda el primer Plan General de Tráfico, aprobado en 1969. "Entonces aún no se hablaba de sostenibilidad, pero había una voluntad de proteger el casco antiguo del tráfico motorizado".
En los años setenta se redescubrió la bicicleta. Y en 1972, cuando muchas ciudades se deshacían de los tranvías, Friburgo optó por ampliar su red. De 1985 a 2004, los silenciosos y no contaminantes tranvías casi duplicaron el número de pasajeros.
En 1975, la lucha contra la construcción de una central nuclear unió a la población. Por una vez, estudiantes -mayoritariamente de izquierdas-, y vinateros -tradicionalmente más conservadores- luchaban juntos. Los unos, en defensa del medio ambiente; los otros, temerosos por el futuro de sus viñedos. La preocupación medioambiental ha dado sus frutos: la utilización de la bicicleta aumentó de 1982 a 1999 del 15% al 27% de los desplazamientos, mientras el uso del coche se redujo del 29% al 26%. En ese tiempo, los friburgueses pasaron de emplear los transportes públicos para el 11% de los desplazamientos a usarlo para el 18%.
En la ciudad no hay atascos ni ruidos. El tráfico de bicicletas es continuo por los 500 kilómetros de vías perfectamente señalizadas que la recorren. Los trayectos sobre dos ruedas no son largos gracias a que la ciudad es relativamente pequeña -15.300 hectáreas, de las que el 40% es bosque-, y la política de transportes se completa con una de urbanismo que evita que Friburgo crezca demasiado. "Se trata de construir sólo en zonas ya urbanizadas para que no haya que talar más bosque y mantener la ciudad en dimensiones compactas", explica la concejala de Medio Ambiente, Gerda Stuchlik.
Para resolver de manera no contaminante la entrada y salida de la ciudad de 80.000 personas diarias, se creó junto a la estación central un aparcamiento vigilado y con techo con cabida para 1.001 bicicletas que hace posible la combinación de tren y bici en el desplazamiento diario al trabajo. Esta instalación ofrece además reparación y alquiler de bicis, y alberga una agencia de coches compartidos. Este sistema, denominado Car Sharing, funciona en toda Alemania y permite usar coches por horas o días a un precio inferior que el alquiler tradicional.
La agencia de Car Sharing friburguesa tiene más de 100 vehículos. Muchos de sus usuarios viven en el barrio superecológico de Vauban, un distrito sin coches ni humos, abastecido por energía solar. Antiguo cuartel de las fuerzas de ocupación francesas, en 1993 Vauban pasó a manos del Ayuntamiento, que decidió construir un barrio ecológico respetando el arbolado. La mayoría de las casas tiene placas solares para su consumo energético. Algunas ni siquiera necesitan calefacción gracias a su construcción con materiales que aprovechan al máximo el calor del sol y proporcionan un aislamiento óptimo. Otras generan más energía de la que necesitan, que venden a la compañía eléctrica local. Así amortizan en diez años el costo de la instalación.
Vauban es un idilio ecologista con tintes orwellianos. Quien tiene coche está obligado a comprar una plaza en uno de los dos garajes-solares que están a la salida del barrio. Los que no tienen vehículo deben dar cuenta anualmente de si esta circunstancia ha cambiado. "Si se descubre que tienes coche y no tienes plaza, te obligan a pagar como multa los intereses que ahorraste por no comprar la plaza de garaje", aclara Lübke, orgulloso de un sistema que funciona a base de control entre los vecinos.
Dentro de Vauban no está permitido aparcar más que excepcionalmente, y casi no hay tráfico. No extraña que sea el distrito con más niños de Alemania: allí, la calle es el patio de juegos. Sólo el tranvía recorre la vía principal del barrio. "Se trataba de que el camino hasta la parada del tranvía fuera más corto que hasta el garaje, como medida disuasoria", explica Lübke. Y, desde luego, fue un éxito: de las 500 familias que viven en Vauban, 400 no tienen coche.
Más de 10.000 personas trabajan en el sector del medio ambiente en Friburgo y alrededores, mayoritariamente en empresas relacionadas con la energía solar, que factura 1.000 millones de euros al año. Con 36,7 vatios por habitante y 11.223 colectores térmicos, Friburgo lidera la clasificación de ciudades con mayor empleo de energía solar.
En esta ciudad suaba residen los principales institutos de investigación solar del país. Las placas no sólo están en casas particulares, sino que adornan y abastecen de electricidad una gran torre de oficinas en la estación de tren y cubren los edificios de varias comunidades religiosas. Las 19 parroquias evangélicas de la ciudad reciben sólo electricidad de fuentes renovables, a pesar de ser más cara.
La comunidad católica de San Pedro y San Pablo es pionera en la utilización de energía solar. Desde 2001, sus paneles producen 20.000 kilovatios por hora al año, y ahorran 10 toneladas anuales de CO²
. Lo que la comunidad ingresa por la venta de la electricidad que le sobra lo dedica a financiar cuatro comedores populares en Lima.
Bogotá (Colombia)
Todos los días, a las 6.30, María llega al terminal Usme de TransMilenio, en el extremo sur de Bogotá (Colombia), y toma un autobús articulado expreso para ir al extremo norte, donde trabaja de limpiadora. Tarda 55 minutos. Antes, cuando no existía este sistema de carriles exclusivos, tardaba más de dos horas. Por eso no le importa viajar en coches atestados: "El tiempo que me ahorro lo gasto en atender a mis hijos; quedaban solos hasta entrada la noche", cuenta. María es una de los 1,25 millones de personas que diariamente usan TransMilenio, un sistema inaugurado hace seis años que ha representado un alivio en el caótico transporte de esta ciudad de más de siete millones de habitantes. Cada viajero ahorra 33 minutos diarios de media. Es la mayor virtud de un sistema gestado por años, que echó a andar el 18 de diciembre de 2000 el alcalde Enrique Peñalosa. La planificación, gestión y control corren por cuenta del Consistorio; la operación y la recaudación están en manos de particulares.
El sistema suma 84 kilómetros, y operan ya siete portales que interconectan lugares extremos en los cuatro puntos cardinales. Cubre el 23% de la demanda de transporte público. La meta es mover el 80% en 2030, cuando tenga 388 kilómetros. Nadie niega sus virtudes: la mitad del 20% que tenía coche, lo vendió, y el resto lo deja en casa los dos días de pico y placa -restricción de acuerdo al número de la matrícula-. La red de comunicación articuló una ciudad fraccionada entre el norte rico y el sur pobre. Aunque hay robos, es un sistema seguro. Por primera vez, los discapacitados en silla de ruedas y las madres con carritos pueden usar el transporte público.
TransMilenio ha alterado el paisaje urbano. La ciudad ganó en monumentalidad. Hoy la ciudad tiene más puentes elevados, túneles, aparcamientos para bicicletas, avenidas amplias y muchos puentes peatonales. "La ciudad es otra, más bonita; por fin Bogotá tiene un transporte decente", dice un hombre mayor, mientras juega con su compañero de viaje a adivinar cómo era antes lo que hoy es la troncal [carril exclusivo] de Suba, la obra pública más grande y más costosa en toda la historia de la ciudad, inaugurada el pasado mayo. "Estamos construyendo espacios para que la gente los disfrute", dice Angélica Castro, gerente de TransMilenio. Esta ingeniera civil de 41 años creció con el sistema: fue su primera jefe de planificación y escaló hasta llegar a la dirección.
Algunos urbanistas cuestionan los altos costos; otros critican que el cemento le está robando espacio a las zonas verdes y que los puentes metálicos rompen la armonía de la ciudad. Para el urbanista Mario Noriega, sólo ahora se está empezando a ver la complejidad del sistema. Las quejas aumentan por las largas esperas: en algunas troncales ya no caben más autobuses y por eso siempre van atestados; además, los alimentadores -red complementaria de 345 autobuses hacia los barrios más pobres- son pocos y, como comparten vía con el tráfico normal, avanzan a paso lento. "Con la saturación del corredor de TransMilenio sólo quedan dos opciones: construir el metro o la ciudad-región", dice Noriega.
La gerente de la empresa acepta las críticas: "Podemos tener problemas de capacidad, pero eso no implica cambio de tecnología", dice. Y habla de ampliación de estaciones y de troncales exclusivos para los autobuses rojos articulados.
Desde el Ayuntamiento se trabaja para que el transporte público sea un todo y no una competencia entre TransMilenio y el transporte tradicional. El problema es cómo hacerlo y cuánto tardará en implementarse. La entrada de TransMilenio implicaba que por cada articulado salieran de circulación ocho autobuses viejos, inseguros y altamente contaminantes. Ha sido imposible de cumplir. Los empresarios de transportes tienen un gran poder político y los alcaldes, pocas herramientas para meterlos en cintura. Por las estrechas calles de esta ciudad que creció desordenada, sin planificación, circulan 20.000 autobuses, muchos semivacíos y un gran porcentaje con más de 15 años, y 60.000 taxis. Además, hay transporte pirata en las zonas marginales.
La sobreoferta genera atascos insoportables en las horas punta. Mientras se logra el acople de los dos sistemas, Bogotá seguirá moviéndose a dos velocidades: la que va rápido y de manera segura por los corredores de TransMilenio y la que se moviliza de manera lenta en el sistema tradicional, donde no hay paradas, donde es posible tomar o bajarse de un autobús en la mitad de una calle y donde se viaja sin respetar las normas. por la llamada guerra del centavo, generada por la falta de horario y salario fijo para los conductores. Las rutas, por ello, no siempre son fijas.
Malmoe (Suecia)
En la ciudad sueca de Malmoe, la tercera del país, a 600 kilométros de Estocolmo y unida por un puente a Copenhague, se ha puesto en marcha un plan de lo que debería ser la ciudad del futuro. Esa ciudad está emplazada en la zona portuaria, y lleva el nombre de Puerto del Oeste.
El origen de esta experiencia se encuentra en la Feria europea de la Vivienda que tuvo lugar en Malmoe en 2001. En el proyecto se tuvo en cuenta el crecimiento demográfico mundial, entre enormes carencias y un consumo desenfrenado que origina, además de tensiones sociales, destrucción de espacios naturales, agotamiento de recursos y contaminación. La experiencia de Malmoe ha dado respuesta a estos desafíos.
En materia de energía, se buscó la utilización de fuentes renovables. El 100% se produce localmente. Una bomba extrae calor del agua de mar y las aguas subterráneas y lo utiliza para la calefacción y el aire acondicionado. Otra fuente de energía proviene de la instalación de 1.400 metros cuadrados de paneles solares.
El transporte urbano se ha encarado dando prioridad al uso de la bicicleta. Se han construido caminos para el transporte público desde Puerto del Oeste hasta el centro y barrios periféricos, estimulando el uso de gas y energía eléctrica en los vehículos, limitando el uso del automóvil.
Los espacios verdes son parte esencial del nuevo barrio. Se han creado dos parques con condiciones específicas para diversas especies vegetales. Han sido instalados 3.000 metros cuadrados de cubiertas ecológicas, y previamente se procedió a descontaminar el suelo de la zona, que durante años había recibido los residuos químicos de las industrias existentes.
Los residuos domésticos tienen una solución satisfactoria mediante el reciclaje y clasificación del 70%. Se utiliza un sistema móvil de aspiración neumática para transportar los residuos previamente clasificados. Los biodegradables se transforman en biogás, que después se utiliza para la calefacción. Los sedimentos de las aguas residuales son procesados para la extracción de fósforo.
La totalidad de las viviendas disponen de conexión a Internet por banda ancha. Cinco años después de iniciada la construcción de Puerto del Oeste, el equipo que lo proyectó ha evaluado la experiencia como positiva, aunque no se han cumplido todas las expectativas, como es el caso de la participación ciudadana. Pero se tiene conciencia de que el cambio de hábitos y mentalidad es un proceso que exige tiempo.
Puerto del Oeste es un proyecto en marcha que ha cumplido su primera etapa de construcción de 600 viviendas y prosigue activamente su expansion. Lars Jaeger es propietario de una galería de arte moderno ubicada en la rambla del nuevo barrio. Tiene también su vivienda en la zona. "Mi familia y yo nos sentimos muy bien aquí", dice, "la presencia del mar, la cercanía de la naturaleza y la calidad del entorno en general y de las viviendas en particular, hacen la vida agradable". Tiene una única queja, aunque admite que es de menor cuantía: las dificultades para estacionar el automóvil.
Interesante, porque se trata de la visión de alguien que procede de otro entorno, es la opinión de Machteld Bergstra, estudiante holandesa que decidió trasladarse a vivir a Malmoe. Tiene un pequeño tallercito en el nuevo barrio en el que restaura sillas antiguas. Lleva pocos meses viviendo en su nuevo país y todavía no ha aprendido el idioma, por lo que se comunica en inglés. "Me siento muy contenta aquí", afirma. "Además de que tengo trabajo, la cercanía del mar, el colorido de las fachadas de las casas, y el ambiente en general, me gustan".
Fuente: El País
En estos momentos, Dongtan está cubierta por campos de repollo, macizos de carrizo y una reserva ornitológica que se extiende hasta el Mar de China Meridional. Pero al fondo, como una insinuación de cosas por venir, se divisan tres turbinas eólicas.
Antes de fines del año 2006, las autoridades de la cercana megalópolis de Shanghai iniciarán la primera etapa de la construcción de la primera eco-ciudad en este lugar. Y para el año 2010, cuando Shanghai será la sede de la más grande Expo mundial sobre vida verde, ésta será el escaparate, la cosa real, con decenas de miles de habitantes viviendo un estilo de vida favorable al medio ambiente.
La pistola que dará el disparo de salida será la construcción de un nuevo puente entre Shanghai y la isla de Chongming, una comunidad de agricultores. Actualmente lleva un viaje de dos horas en coche más una hora de ferry para llegar allí, pero dentro de dos años, el puente reducirá el viaje a apenas 20 minutos del centro de la cuarta ciudad más grande, de más acelerado crecimiento y más densamente poblada del mundo.
Shanghai está a punto de reventar, con 18 millones de habitantes y 4.000 edificios de más de 30 pisos de altura. Se parece al telón de fondo para una película futurista. Las autoridades desean lograr que los habitantes se muden fuera de la ciudad a Dongtan, que acabará como el lugar de residencia de medio millón de habitantes.
"Pero no se parecerá en lo más mínimo a Shanghai," dice Ma Cheng Liang, el planeador en jefe del proyecto de Dongtan, jefe de la Compañía de Inversiones Industriales de Shanghai. Sin torres de apartamentos. Sin grandes autopistas. Sin smogs.
"La primera cosa que el visitante notará es el silencio, porque habrá tan pocos coches en las calles." La ciudad estará casi exenta de contaminación, y la electricidad provendrá de turbinas eólicas y paneles solares. El agua de los fregaderos y los baños será reciclada para operar las cisternas del wáter.
Los automóviles no estarán prohibidos, pero todas las escuelas de vecindario, las tiendas y los lugares de trabajo estarán lo suficientemente cerca como para alcanzarlos a pie. La mayoría de los chinos todavía no poseen automóviles, y es intención que no los necesiten en la nueva Dongtan.
Las granjas dentro de los límites de la ciudad proveerán la mayor parte de sus alimentos, y sus aguas residuales fertilizarán los campos. La ciudad contará con numerosos parques, lagos y pagodas. Habrá un puerto deportivo para navegar en velero y un centro ecuestre. De manera que la "vida verde" tampoco carecerá de diversiones.
Ma Cheng Liang dice que espera que Dongtan se convertirá en un centro turístico que millones de chinos visitarán para ver cómo una ciudad verde puede funcionar en la práctica, y -se espera- volverán a su casa para exigir el mismo estilo de vida verde para sí mismos.
Peter Head, Director de Sostenibilidad de Arup, los planeadores y diseñadores de Dongtan, expresa: "Se trata de un proyecto increíblemente audaz. Nadie ha hecho algo parecido. Podría convertirse en un proyecto-fórmula para otras ciudades alrededor del mundo. No es solamente un escaparate para la tecnología verde. Es un lugar donde la gente deseará vivir."
by Ethan Miller
Llámalo "globalización", o "libre mercado", o “capitalismo”. Cualquiera sea su nombre, la gente a lo largo de los Estados Unidos y del mundo está experimentando los efectos devastadores de una economía que coloca a las ganancias sobre todo demás.
Nada de esto, por supuesto, es noticia. Muchos de nosotros hemos llegado a creer que las decisiones económicas cruciales que afectan a nuestras vidas son realizadas no por nosotros, sino por lejanos "expertos" y misteriosas "fuerzas del mercado". Un amigo me preguntó recientemente, "¿desde cuándo el pueblo de Estados Unidos decide enviar su sector manufacturero al sur para explotar a la gente en El Salvador o en la República Dominicana?". Nosotros no lo hicimos, y nadie jamás nos preguntó.
¿Pero cuál es la alternativa? Se nos ha enseñado que sólo existen dos posibles opciones económicas: el capitalismo — un sistema en el cual la gente rica y las corporaciones tienen el poder, toman las decisiones, y controlan nuestras vidas; o el comunismo — un sistema donde los burócratas del estado tienen el poder, toman las decisiones, y controlan nuestras vidas. ¡Que opciones!
En lo que respecta a verdaderas alternativas económicas, nuestra imaginación se congela. Claramente necesitamos algo diferente, pero: ¿a qué se podría parecer? ¿Cómo comenzamos a imaginar y a crear otras formas para satisfacer nuestras necesidades económicas?
Una Historia de Dependencia
Podemos comenzar cambiando las historias que contamos acerca del abrumador poder e inevitabilidad de nuestro sistema económico. Estas historias nos han ocultado a nosotros mismos nuestro propio poder, potencial, y valor como seres humanos creativos.
La historia dominante define a los héroes de nuestro sistema de mercado como aquellas firmas e individuos racionales, interesados en sí mismos, que buscan satisfacer su necesidad interminable de crecer y acumular en un mundo de recursos escasos.
En esta historia, nosotros el pueblo sólo somos abejas trabajadoras y consumidoras, haciendo y gastando dinero, esperanzados por la oportunidad de acumular más, y perpetuamente dependientes de los trabajos y necesidades que el sistema corporativo adjudica al rico. La ciudadanía se reduce a la búsqueda activa de riqueza financiera. Sintiéndonos sin poder para realizar cambios verdaderos, hemos llegado a ver a la economía tal como vemos al clima — más allá de nuestro control y comprendido sólo por los “expertos” de elite. Esperamos los días soleados y llevamos nuestros paraguas.
Esta historia le brinda invisibilidad a todas las actividades diferentes a las transacciones de negocio — segregadas dentro de la esfera de la vida familiar, la vida social, y el ocio. Una comunidad de gente activa, creativa y diestra, sin dinero o capital (o el deseo de poseerlo) es considerada improductiva o retrasada.
Esta es la razón por la cual muchos desarrolladores económicos hablan sin fin acerca de introducir nuevas empresas o atraer inversores para mejorar la economía local o regional. El verdadero valor, para ellos, viene desde afuera, no desde el interior; de aquellos que invierten el capital, no de aquellos que invierten tiempo y trabajo duro; desde el poder del dinero de hacer más de sí mismo, no desde el poder de la vida y la comunidad de auto-organizarse y prosperar. Esta historia dominante trata sobre cómo nuestras vidas y nuestras comunidades no son nunca lo suficientemente buenas, completas o meritorias, sin el dinero y los puestos de trabajo de la economía capitalista de mercado.
Una Historia de Esperanza
Suponte que intentamos una historia diferente; en vez de definir a la economía como un sistema de mercado, definámosla como el diverso arreglo de actividades por los cuales los seres humanos generan medios de vida, en relación uno al otro y con la Tierra. Extendiéndose mucho más allá del funcionamiento del mercado capitalista, las actividades económicas incluyen todas las formas por las cuales nos sostenemos y apoyamos a nosotros mismos, a nuestras familias, y a nuestras comunidades. Echando a un lado la historia económica dominante de competencia y acumulación, vemos que otras economías están vivas bajo la superficie, nutriéndonos como raíces. Éstas no son las economías de los agentes de bolsa y los economistas. Ellas son las economías del cuidado mutuo y la cooperación — economías comunitarias, economías locales.
Muchas son familiares para nosotros, aunque pocas veces reconocidas. Ellas incluyen:
Economías Domésticas — satisfaciendo nuestras necesidades con nuestras propias habilidades y trabajo: criar niñas y niños, ofrecer consejo y consuelo, enseñar habilidades de la vida, cocinar, limpiar, construir, balancear la chequera, arreglar el auto, cultivar comida y medicina, criar animales. Gran parte de estos trabajos se han vuelto invisibles o devaluados como “trabajos de mujeres”.
Economías del Regalo — construidas sobre círculos compartidos de generosidad: bomberos voluntarios, bancos de comida, levantar a desconocidos en la ruta, donar a organizaciones comunitarias, compartir la comida.
Economías del Trueque — intercambiar servicios con amigos y vecinos, intercambiar una cosa útil por otra, devolver un favor, intercambiar plantas o semillas, monedas locales basadas en el tiempo.
Economías de la Recolección — vivir de la abundante economía del regalo de la Tierra: la caza, la pesca. También redirigir el flujo de basura: el rescate de sitios de demolición, rastrillar campos ya cosechados, el reciclaje de basura.
Economías Cooperativas — basadas en la propiedad y/o control compartidos de los recursos: negocios gestionados y poseídos por sus trabajadores, alojamientos colectivos, comunidades intencionales, cooperativas del cuidado de la salud, consorcios de tierras comunitarias.
Economías de Mercado Comunitarias — redes de intercambio construidas sobre la base de pequeños negocios y cooperativas que son responsables hacia sus comunidades a través de lazos sociales, modelos innovadores de propiedad, y ayuda mutua. Tales economías no se crean para lograr grandes ganancias, sino para proveer medios de vida saludables y modestos a sus participantes, y para servir a la comunidad más amplia.
Reconociendo estas diversas formas de subsistencia podemos ver no sólo que existen posibilidades económicas más allá del mercado y del estado, sino también que estas posibilidades son viables y poderosas. En verdad, la economía dominante se desmoronaría sin estas formas básicas de cooperación y solidaridad. No es el mercado capitalista el que germina las semillas, convoca el agua nutritiva desde el cielo, o transforma la putrefacción en fruta deliciosa. No es el mercado capitalista el que alimenta a nuestras almas diariamente con la amistad y el amor, o cuida de nosotros cuando somos demasiado jóvenes o demasiado viejos para cuidarnos a nosotros mismos. Tampoco es el mercado el que nos mantiene con vida en tiempos de crisis cuando las fábricas cierran, cuando nuestras casas se queman, o cuando el sueldo simplemente no alcanza. Son las economías de la comunidad y el cuidado — lo que muchos activistas en América latina y Europa llaman la “economía solidaria”, que mantienen junto al propio tejido de nuestra sociedad. Son estas relaciones las que nos hacen seres humanos, y satisfacen nuestras necesidades más básicas de amor, cuidado, y ayuda mutua.
Así que: ¿cuál es la alternativa para el sistema de mercado? Sus semillas ya existen. Aunque los mercados capitalistas están constantemente trabajando para socavar, explotar, y cooptar elementos de la economía solidaria, su poder y potencial como espacio de creación y esperanza persisten.
Ya habitamos diferentes tipos de relaciones económicas. Tenemos nuestras propias formas de riqueza y valor que no están definidos por el dinero. Ya existen economías que colocan a las relaciones humanas y ecológicas en el centro, en vez de la competencia y la búsqueda de las ganancias. No necesitamos comenzar desde cero.
Entonces, cuando nos enfrentamos a la cuestión de las alternativas, podemos responder no con otro Gran Esquema Económico, pero sí con una visión de organización económica democrática, creativa y diversa. Podemos construir sobre prácticas económicas cooperativas ya existentes, cultivando la imaginación y la posibilidad.
Enlazando juntos las alternativas emergentes en redes de trabajo de ayuda mutua e intercambio, podemos llevarlas al siguiente nivel y generar nuevas dinámicas económicas de solidaridad y cooperación en escalas locales, regionales y globales.
Una estrategia comienza a emerger: identificar alternativas existentes; traerlas juntas para construir entidades compartidas y conexiones; y con la fuerza colectiva recién hallada, generar fuertes posibilidades para el cambio social y económico.
Suena simple, ¿verdad? Tal vez, pero es este hermoso trabajo de organización comunitaria, complejo y deliberado, que transformará la visión en realidad.
Ya se están llevando a cabo esfuerzos para identificar espacios de posibilidades económicas democráticas. Grupos tales como el “Proyecto de Mapeo de Economías Locales de Seattle” (www.seattlemap.org) están construyendo inventarios de iniciativas económicas alternativas, desde cooperativas y monedas locales a bomberos voluntarios y bancos de comida comunitarios. Inspirados por lo que a veces se denomina “desarrollo comunitario basado en activos”, otros grupos están catalogando formas de riqueza dejados fuera de la ecuación económica, tales como habilidades de subsistencia, artes y artesanías tradicionales, historias y conocimientos locales, y paisajes naturales. Una coalición de organizaciones en los Estados Unidos y Canadá llamada el “Proyecto de Datos de los Comunes” está construyendo un directorio de proyectos económicos cooperativos de Norte América (ver http://dcp.usworker.coop).
Nuevos Ojos, Nuevas Conexiones
Con los inventarios de economías locales en la mano, podemos comenzar a generar conversaciones entre iniciativas e instituciones solidarias. En Brasil, donde el movimiento de economía solidaria está bien establecido, 23 foros de nivel estatal, conectados por el Foro Económico Solidario de Brasil, generan diálogo y colaboración entre los proyectos económicos basados en la solidaridad.
Encuentros similares podrían ser altamente efectivos en Norteamérica. El Foro Social de los Estados Unidos, que tendrá lugar en Atlanta, Georgia, en julio de 2007, ofrece una oportunidad excitante para los practicantes de la economía solidaria y los organizadores para encontrarse en una escala mayor.
Tales encuentros pueden enlazar esfuerzos previamente aislados, integrando su trabajo en una nueva y emergente red económica de solidaridad. Estas conexiones son más que reconocimiento mutuo; tratan sobre la construcción de relaciones de intercambio y ayuda, conectando productores y consumidores, mercaderes y distribuidores, inversores y organizadores. En el proceso, redefinimos estos roles e instituciones.
Las conexiones pueden también extenderse a las redes más grandes de organizaciones y movimientos sociales luchando por la justicia, la ecología y la democracia. Las campañas en contra de los supermercados gigantes son enriquecidas por los esfuerzos para crear alternativas económicas basadas en la comunidad. El trabajo en contra del reclutamiento militar es más efectivo cuando la juventud está comprometida en proyectos económicos cooperativos que ofrecen alternativas viables al ejército, y la creación de consorcios de tierras comunitarias y cooperativas de alojamientos fortalecen los esfuerzos anti-aburguesamiento.
En todos estos casos y más, la ayuda es recíproca: los sueños, aspiraciones, y energías de los movimientos sociales de base aseguran la integridad y la salud de las instituciones económicas basadas en la comunidad.
Las prácticas de ver, reunir, y conectar, todas ayudan a la práctica de la creación. De la imaginación y la posibilidad pueden crecer nuevas iniciativas, nuevas instituciones, nuevas formas de intercambio, nuevas economías solidarias. Juntos, podemos reclamar a nuestros hogares y comunidades como espacios de seguridad, cuidado, sanación y ayuda mutua.
¿Buscando alternativas económicas?. Las semillas han sido plantadas. Y están esperando la lluvia.
Ethan Miller ( ethanmiller(at)riseup.net) es escritor, músico, granjero de subsistencia, y organizador. Miembro de la Cooperativa GEO (www.geo.coop) y de la cooperativa de músicos Riotfolk (www.riotfolk.org), vive y trabaja en JED, una cooperativa de ayuda mutua basada en la tierra en Greene, Maine.

Huerto Urbano
El movimiento de ecoaldeas está arraigando con fuerza en el mundo. La Red Global de Ecoaldeas (GEN: Global Ecovillage Network) tiene más de 15.000 afiliados en todo el mundo.
Por José Luis Escorihuela (Ulises)
En los países del Sur, donde todavía mucha gente vive en pequeñas comunidades, que son ecoaldeas de hecho, el objetivo principal del GEN es ayudar a estas personas a resistir la influencia de la occidentalización, que supone un mayor consumo de tecnología extranjera y el aumento de la deuda, y consolidar una forma de vida que de por sí es mucho más sostenible que la que se vive en los países occidentales. Gracias a los nuevos conocimientos que aportan la permacultura, la bioconstrucción, la economía solidaria, etc., que el GEN difunde en el Sur a través de los Centros de Vida y Aprendizaje (Leaving and Learning Centres), se pretende aumentar también la calidad de vida de los pueblos del Sur con un impacto mínimo sobre el entorno, a la vez que recuperan o reafirman su autonomía y capacidad de decisión.
En el Norte, incluyendo aquí países desarrollados y en desarrollo, la situación se invierte. La mayor parte de la gente vive en las ciudades y de manera totalmente insostenible, para muchos, incluso miserable. Las ciudades del Norte se han convertido en sumideros de ingentes recursos, que en la mayoría de los casos son traídos de lugares lejanos aumentando el gasto en transporte y la contaminación por dióxido de carbono. La huella ecológica de las ciudades occidentales es varias veces superior al terreno que ocupan. Ted Trainer, investigador australiano de la Universidad de Nueva Gales del Sur, afirma en un artículo que si todos los pueblos del mundo vivieran como vivimos en Europa o Estados Unidos, se necesitarían ocho Tierras para satisfacer tanta demanda de recursos. En los países ricos estamos utilizando unas cinco hectáreas de tierra productiva por persona para satisfacer nuestras necesidades, cuando si tuviéramos que dividir toda la tierra productiva del planeta por la población mundial, apenas nos corresponde una hectárea.
Desde la Red Europea de Ecoaldeas (GEN-Europe) se está difundiendo y apoyando el modelo de ecoaldea como una posible y valiosa alternativa al sistema actual. Numerosos colectivos en toda Europa se han esforzado en los últimos años en hacer coherente su forma de pensar y su forma de vivir, creando las primeras ecoaldeas o simplemente transformando comunidades y pueblos ya existentes en ecoaldeas. Un centenar de ejemplos se hallan dispersos por la geografía europea, de ellos, apenas media docena en España. Cada vez más personas se sienten atraídas por esta forma de vida, más respetuosa de la gente y del entorno, y buscan lugares y proyectos en los que involucrarse. Los más atrevidos se lanzan a la aventura buscando en el mundo rural un lugar donde instalarse y crear una ecoaldea o unirse a un proyecto existente. Las dificultades son enormes, pues los proyectos actuales son pocos y sin apenas ayudas.
Pero ¿qué decir de los que por diversas razones no pueden ni quieren abandonar la ciudad y, no obstante, siguen interesados en adaptar su vida a un modelo más sostenible? ¿Es posible crear ecoaldeas en la ciudad?
Algunos ejemplos de ecoaldeas urbanas
No sólo es posible, existen varios ejemplos de ecoaldeas urbanas en distintas ciudades europeas. Christiania en Copenhague, Ufa-Fabrik en Berlín, Wilhelmina Terrein en Ámsterdam y Understenshöjden en Estocolmo, entre otras, forman parte del reducido elenco de ecoaldeas urbanas. En todos estos casos se trata de grupos de personas que viven en un mismo lugar dentro de una ciudad y que comparten una misma visión, aunque sus experiencias vitales hayan sido diferentes. En los dos primeros ejemplos se trata de viejas ocupaciones que con el paso de los años se han “legalizado”. Christiania se fundó en 1971, tras la ocupación de unos antiguos cuarteles militares. En la actualidad, unas mil personas viven ahí, compartiendo un sistema de democracia directa y autogestión. Lo mismo se puede decir de la Ufa-Fabrik, que existe desde 1979, después de que un grupo de personas ocupara los terrenos de unos viejos estudios cinematográficos. Unas 50 personas residen permanentemente en el lugar, aunque el número de visitas anuales supera las 200.000. El caso de Wilhelmina es paradigmático. Se trata de un antiguo hospital que iba a ser demolido. Gracias a la activa labor de un grupo de personas se consiguió que las autoridades cedieran el edificio y el terreno adyacente para iniciar un proyecto social y de vida. En la actualidad casi cien personas de muy diversa procedencia viven en régimen de alquiler (muy barato) en edificios renovados y cuidados jardines, en un lugar en el que han creado diferentes empleos: una guardería, una fábrica de futones, un taller de juguetes, una tienda de decoración… y en el que se han asentado diferentes organizaciones sociales, ambientales y de desarrollo. Por su parte, Understenshöjden comenzó como un proyecto de eco-urbanización (cohousing), que poco a poco fue evolucionando hacia una ecoaldea al desarrollar con mayor intensidad sus características sociales. Cuarenta y cuatro familias, distribuidas en catorce casas de una y dos plantas, viven en el lugar.
Cualquiera de estos modelos es válido y aplicable en cualquier ciudad española. La ocupación es posible si el grado de cohesión y conciencia social es alto y se tienen objetivos claros, aunque a medio plazo sea imprescindible conseguir “legalizar” la situación para evitar el desgaste que supone la incertidumbre del desalojo. Para que un modelo sea válido no se puede dedicar todo el tiempo a resistir, es necesario en un momento u otro pasar a una nueva fase de construcción de una alternativa.
La compra de un terreno urbano es también una buena posibilidad si se tienen los medios para hacerlo. A partir de ahí, la permacultura puede ayudar en el diseño, las casas pueden ser autoconstruidas y con materiales naturales, se puede crear un centro social que favorezca los encuentros y la convivencia. El problema en este caso es superar todos los obstáculos legales a la hora de conseguir permisos. En España, la ecoaldea Valdepiélagos constituye un buen ejemplo de ecoaldea periurbana.
Con todo, para muchas personas, probablemente para la mayoría, ni una ni otra opción son posibles. Faltos de tiempo y del compromiso necesario para la ocupación, faltos de dinero para la compra y ejecución de una ecourbanización, y obligados a permanecer en la ciudad, andan perdidos en su búsqueda de alternativas sostenibles al sistema actual.
Una ecoaldea es ante todo un espacio de convivencia
Por ello, es fundamental extender el concepto de ecoaldea urbana en una línea que sea factible para esos millones de personas que viven en la ciudad, cuya intención no es ocupar nada, ni irse al campo, ni construir una ecourbanización. La clave está en reconocer que una ecoaldea es sobre todo un espacio de convivencia en el que se comparten cosas, un espacio en el que se desarrolla la comunidad, y que ese espacio no es necesariamente, o no solamente, un espacio físico. En definitiva, cualquier grupo de personas que viviendo en un barrio de una ciudad se reconozca como grupo con un objetivo común, con un firme deseo de compartir cosas (tiempo, recursos, valores, afectos, etc.) y de avanzar en la consecución de un mundo más sostenible, puede ser una ecoaldea. El problema no es que ese grupo haya de compartir el espacio físico con otras personas de la misma ciudad o barrio, el verdadero problema es que el espacio urbano lo hemos ido perdiendo poco a poco en beneficio de un ente abstracto que responde a la lógica de la producción, la especulación y el uso del tiempo como algo que no se puede perder. Reapropiarse del espacio urbano, ocupar la calle y los espacios públicos, perder el tiempo con la gente, debería ser la primera tarea de quien quiera formar una ecoaldea en la ciudad.
Crear o robar a la ciudad espacios para la convivencia, para el juego y las relaciones, para celebrar fiestas y ritos, pero también para procesar problemas y conflictos o llorar ausencias, es un primer paso imprescindible para transformar las ciudades y barrios en ecoaldeas. A partir de ahí, se puede llegar tan lejos como se esté dispueto.
Autosuficiencia alimentaria en la ciudad
La autosuficiencia en las ciudades no es más difícil que en el campo. Muchos descampados se pueden convertir en productivos huertos aplicando técnicas de permacultura y agricultura ecológica. Además de producir alimentos sanos, pueden servir como lugar de aprendizaje y experimentación para niños y jóvenes y lugar de encuentro con la sabiduría de los ancianos. La ciudad de La Habana, en Cuba, es un buen ejemplo de cómo es posible, cuando la necesidad aprieta, aprovechar patios y jardines para cultivar toda la verdura que una familia necesita en un año. En climas moderados, un pequeño balcón, al que se pueda adaptar un invernadero, tiene espacio suficiente para garantizar las necesidades de hortalizas de una familia.
Por si esto fuera poco, en muchas ciudades de Estados Unidos y recientemente en Europa, se está empezando a poner en marcha lo que se llama Agricultura Apoyada por la Comunidad. La idea es simple: un grupo de personas encarga a uno o varios agricultores de los alrededores que produzca alimentos para ellos, a cambio de una cantidad de dinero que estas personas entregan al agricultor al principio del año. El agricultor vive con ese apoyo, sin preocuparse de los vaivenes del mercado, y a cambio suministra a esas personas verduras frescas y hortalizas cultivadas ecológicamente.
De esta manera, no sólo es posible conseguir alimentos sanos, sino cualquier otro producto que necesitemos. Lo primero es simplificar nuestra vida y reducir nuestras necesidades de tecnología sofisticada, que normalmente lleva implícita una gran cantidad de energía en su elaboración. Tras esta primera revisión, podemos buscar aquello que realmente necesitamos entre los artesanos de los alrededores, apoyando la fabricación artesanal y la pequeña industria. Los Grupos de Autogestión del Consumo, GAC, como los que ya existen en varias ciudades, pueden ser muy útiles para establecer relaciones con grupos de artesanos y pequeños fabricantes, consiguiendo de ellos productos hechos con materiales sanos y en condiciones laborales justas.
Reciclado y ahorro de energía
El ahorro de energía, utilizando colectores solares para el agua caliente, cocinando con el sol siempre que sea posible, aislando bien las viviendas, utilizando al mínimo los aparatos que consumen electricidad, desplazándose a pie o en bicicleta en lugar de utilizar el coche, etc.; el ahorro y limpieza del agua, no arrojando productos sólidos ni tóxicos por los desagües; el reciclaje de la basura, incluida la materia orgánica para hacer compost… Todo ello son ideas que ya se están poniendo en marcha por los ayuntamientos, pero que están todavía muy lejos del ideal. En permacultura se dice que en la naturaleza todo se recicla, que no existe el concepto de basura porque los “desechos” de cualquier sistema son utilizados por otro. Nosotros estamos muy lejos de esta situación, pero para los candidatos a formar una ecoaldea urbana ésto debería ser una prioridad. Muchos de los objetos que tiramos a la basura se podrían llevar a un centro de intercambio, que habría en cada barrio, en el que la gente depositaría todo lo que le sobrara en casa, a la vez que se podría llevar todo lo que necesitara. Los centros que acumularan demasiado podrían ceder sus existencias a otros centros donde hubiera más demanda.
Hacia una economía urbana solidaria
Fomentar el intercambio, el trueque, el apoyo económico solidario de proyectos es así mismo fundamental para convertir un barrio en una ecoaldea urbana. En ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza… existen asociaciones de financiación solidaria, grupos de apoyo a proyectos, GAP, que funcionan todavía muy por debajo de sus posibilidades.
Para quienes desean formar una ecoaldea urbana existen varias posibilidades a la hora de gestionar su economía, que van desde compartir todos los recursos hasta compartir solamente recursos para algunos proyectos, pasando por la existencia de diversas cajas comunes, etc. Todo mejor que tener el dinero en el banco engordando la cuenta de sus principales accionistas, quienes no muestran ningún escrúpulo en multiplicar sus beneficios a través de inversiones especulativas o de simple y pura explotación en países del Sur. También es fundamental fomentar el autoempleo, las cooperativas y crear pequeños negocios que favorezcan la circulación interna del dinero y una justa redistribución de la riqueza.
Todo un mundo de posibilidades
Un grupo de personas suficientemente amplio, viviendo en un barrio de una ciudad, todavía puede hacer muchas más cosas, casi tantas como su imaginación se lo permita. Podrían crear una escuela para sus hijos en la que se siguiera un determinado modelo pedagógico (Montessori, Waldorf, Paideia, etc.). Los profesores podrían cobrar su salario parte en dinero y parte en especies, viviendo en el centro social, recibiendo la cesta de hortalizas, utilizando el club de trueque, etc. Se podría crear un centro natural de salud, formado por especialistas en medicina natural y holística, en diversas psicoterapias, en yoga y otras técnicas de relajación y crecimiento espiritual, etc. Se podrían organizar todo tipo de celebraciones, actividades lúdicas y de entretenimiento.
Se trataría en definitiva de recuperar la comunidad, de romper con nuestro cómodo individualismo, aceptando que el espacio de la convivencia es difícil, lleno de temores y conflictos, pero sabiendo que los inevitables conflictos que surjan son una posibilidad para seguir creciendo y que las recompensas son muchas. Creo sinceramente que tenemos que dar este paso, nuestra existencia como seres humanos está en juego. © José Luis Escorihuela "Ulises y EcoHabitar. Prohibida la reproducción sin autorización expresa
Fuente: http://www.ecohabitar.org/articulos/ecoaldeas/ecoaldeas_urbanas.html
Información personal del autor
• Nombre: José Luis Escorihuela Domínguez, "Ulises"
• Lugar de nacimiento: Zaragoza (España) — Año de nacimiento: 1962
• Residencia permanente: C/ Única s/n * 22600 Artosilla (Huesca) * España
• Email: ulises@selba.org
por Ted Trainer
Si es que el análisis precedente sobre los Límites al Crecimiento (económico y poblacional) es básicamente válido, algunos de los principios de la Sociedad Sustentable están claros y son indisputables. (Un análisis anterior puede encontrarse en "The Conserver Society"(La Sociedad de La Conservación; Ted Trainer, Zed Books, 1995).
1.-Los niveles de Vida Material deben ser mucho menos Opulentos. En una Sociedad Sustentable las tasas per cápita de uso de recursos deben ser una pequeña fracción de las existentes actualmente en Australia.
2.-Deben haber Pequeñas Economías Locales de Pequeña Escala altamente Autosuficientes.
3.-Estas deben ser principalmente Locales, Cooperativas y Participativas.
4.-Deben ser Sistemas donde las Pequeñas Comunidades controles sus propios asuntos, independientes de las Economías Internacional y Global.
5.-Debe haber mucho uso de Tecnologías Alternativas, que minimizan el uso de Recursos.
-Debe ser desarrolado un Sistema Económico muy diferente, o no manejado por Fuerzas de Mercado o el Afán de Lucro, y en el cual no haya Crecimiento Económico (ilimitado).
6.- La manera de Vida Alternativa es la Manera Sencilla Materialmente (pero más Rica en otros sentidos). Podemos y debemos vivir Todos/as bien con una mucho más pequeña cantidad de Producción, Consumo, Uso de Recursos, Comercio, Inversión, y PGB que el que hay actualmente. Esto nos permitiría escapar de la Rueda Económica y dedicar nuestras vidas a cosas más importantes que meramente producir y consumir.
Estilos de Vida más Sencillos
>Vivir más simplemente no significa privación o penurias. Significa focalizarse en lo que es suficiente para la comodidad, la higiene, la eficiencia, etc. Muchas de nuestras necesidades básicas pueden ser satisfechas por mecanismos y de maneras muy sencillos y baratos en el uso de recursos, comparados con aquellos que tomamos por asegurados e idolizamos en la sociedad de consumo.
>Vivir de maneras que minimicen el uso de recursos no debiera ser visto como un esfuerzo fastidioso que debe ser hecho con el fin de salvar al planeta. Estas maneras pueden y deben llegar a ser importantes fuentes de satisfacción con la vida. Debemos llegar a ver como agradables muchas actividades tales como la vida frugal, el hacer cómpost, reparaciones, embotellar fruta, dar cosas viejas a otros, hacer durar las cosas, y manejar una economía hogareña relativamente autosuficiente. La meta Budista es una vida "simple en medios, pero rica en finalidades".
Autosuficiencia Local
>Debemos desarrollar tanta autosuficiencia como razonablemente podamos al nivel nacional - significando esto menos comercio - al nivel del hogar y especialmente a los niveles del vecindario, suburbano, del poblado y regional. Necesitamos convertir nuestros actuales estériles suburbios en economías regionales prósperas que produzcan la mayoría de las cosas que necesiten desde recursos locales. Ellos contenerían muchas pequeñas empresas tales como panaderías locales. Algunas de éstas pueden ser sucursales descentralizadas de firmas existentes, permitiendo a muchos de nosotros ir al trabajo en bicicleta o a pie. Gran parte de nuestra producción de miel, huevos, vajilla, hortalizas, mobiliario, frutas, pescado y carne de ave podría venir de negocios hogareños dedicados a la producción artesanal y aficionada. Es mucho más satisfactorio producir muchas cosas de modo artesanal antes que en fábricas industriales. Sin embargo, tendría sentido mantener algunas grandes fábricas de producción masiva.
>Muchos huertos comerciales podrían estar localizados en los suburbios y las ciudades, por ejemplo en sitios de fábricas abandonadas o al lado de las líneas ferroviarias. Esto reduciría el costo de los alimentos un 70%, especialmente al reducir sus costos de transporte. Más importantemente, el producir el alimento más cercanamente de donde vive la gente permitiría que los nutrientes sean reciclados y devueltos al suelo a través de la producción de cómpost y unidades de gas de la basura.
>Debiéramos convertir una casa de cada conjunto en un taller vecinal, una espacio de reciclaje, un lugar de reunión, un lugar de intercambio de cosas sobrantes y una biblioteca. Debido a que habrá mucha menos necesidad de transporte, sacaremos el pavimento de muchas calles, incrementando grandemente el área de tierra cultivable para huertos comunitarios, lagunas, bosques, etc. Gran parte de nuestros vecindarios pueden llegar a ser una selva Permacultural, un "parque comestible" atiborado con plantas productivas de larga vida, en gran parte automantenidas tales como arboles frutales y de nueces. Especialmente importante será lograr un alto grado de autosuficiencia energética local, a través del uso de tecnologías alternativas y fuentes de energía renovable tales como el sol y el viento.
>Habría también muchas variedades de animales viviendo en nuestros vecindarios, incluyendo una entera industria de peces basada en fuentes y lagunas. Adicionalmente, muchos materiales pueden venir de los bosques, árboles frutales, matas de bambú, lagunas, arroyos, etc. comunales. De este modo desarrollaremos los "recursos comunes" ("commons"), los terrenos comunales y los recursos de los cuales todos/as pueden tomar alimentos y materiales. Muchas áreas podrían fácilmente proporcionar a sí mismas con la greda para producir toda la vajilla que se necesite. Similarmente, casi toda la madera que se necesite para hacer muebles de madera podría venir de esos bosques, a través de un pequeño aserradero localizado en lo que alguna vez fuera un garage.
>Una de las más importantes maneras en las cuales seremos muy autosuficientes será en las finanzas. Virtualmente todos los vecindarios tienen todo el capital que necesitan para desarrollar aquellas cosas que más los enriquecerían, pero esto nunca sucede cuando nuestros ahorros son depositados en bancos convencionales. Formaremos muchos bancos locales de los cuales nuestros ahorros serán prestados sólo a empresas y proyectos que mejoraran nuestras localidades. Muchos vecindarios y poblados están ahora comenzando sus propios bancos y sistemas de intercambio sin dinero.
>Habría un ambiente que promovería el tiempo libre. Los suburbios en la actualidad son desiertos para el ocio; no hay mucho que hacer. El vecindario alternativo estaría lleno de relaciones amigables, pequeños negocios, proyectos comunes, animales, huertos, bosques y tecnologías alternativas y por lo tanto lleno de interesantes cosas para hacer. Consecuentemente, la gente estaría menos inclinada a salir los fines de semanas y las festividades, lo que reduciría el consumo energético nacional.
>La autosuficiencia económica local es crucial si es que vamos a reducir el consumo general de recursos debido a que ésta reduce los costos de viajes, transporte y empaque, y la necesidad de construir carreteras, barcos, aeropuertos etc. Esta permite también a las comunidades a llegar a ser independientes de la economía global.
Maneras de Vivir más Comunitarias y Cooperativas
>La tercera característica esencial de la manera alternativa de vivir es que es que esta debe ser mucho más comunitaria y cooperativa. Debemos compartir más cosas. Podríamos tener unos pocas escaleras, taladros eléctricos, etc., en talleres vecinales, como algo distinto a uno en cada casa. Seríamos parte de varias turnos, comités y grupos de trabajo para realizar gran parte del cuidado de los niños, la enfermería, la educación básica y el cuidado de la gente de edad y discapacitada en nuestras área, tanto como para realizar muchas de las funciones que los consejos burocráticos realizan actualmente por nosotros, tales como mantener nuestros propios parques y calles. Necesitaríamos por lo tanto muchos menos burócratas y profesionales, reduciendo así la cantidad de ingreso que necesitaríamos ganar para pagar impuestos y servicios.
>Especialmente importantes serían los grupos de trabajo comunitario voluntario regulares. Imaginemos sólo cuan ricos serían nuestros vecindarios si cada Sábado por la tarde por los pasados cinco años hubiera habido un grupo de trabajo voluntario haciendo algo que hubiera hecho de éste un lugar más placentero para vivir.
>Habría mucha más sensación de comunidad que la que hay ahora. La gente se conocería mutuamente e interactuaría en proyectos comunales. Uno ciertamente predeciría un gran decrecimiento en la incidencia de los problemas sociales y sus costos monetarios y sociales. El nuevo vecindario sería seguramente un más sano y feliz lugar para vivir, especialmente para las personas de edad.
>Habría genuína democracia participativa. Gran parte de nuestras políticas y programas locales podrían ser planeadas por comités elegidos no-pagados y podríamos todos votar sobre importantes decisiones concernientes a nuestra pequeña área en reuniones regulares locales. Habría todavía algunas funciones para los gobiernos Estatal y nacional, pero relativamente pocas.
>Las instituciones gobernantes principales aquí serían los comités voluntarios, las reuniones locales, la votación directa en temas diversos y especialmente la discusión pública informal en situaciones de la vida diaria. En una comunidad sana y autogobernada los procesos políticos fundamentales tienen lugar informalmente en cafés, cocinas, y las esquinas de las localidades, porque es ahí donde los temas pueden ser discutidos y pensados hasta que la mejor solución llegue a ser generalmente reconocida. Las posibilidades de una política escogida que trabaje bien dependen de cuan contentos están todos con ella. El consenso y el compromiso se logran mejor a través de un lento y a veces torpe proceso de consideración formal e informal, en el cual el real trabajo de la toma de decisiones es hecho mucho antes de la reunión donde se vota finalmente. De este modo la política llegará nuevamente a ser participativa y parte de la vida cotidiana, como era el caso de la Antigua Grecia. Traducido de un texto del siguiente Website: http://www.arts.unsw.edu.au/tsw/index.html
Fuente: ecovisión