lunes, 26 de febrero de 2007

OIR EL MAR


Las olas rompen con reflejos de luz crepuscular. El aire me está sedando. Estoy plácidamente sentado en la arena y no he podido refrenar mi cerebro. Las imágenes lo han tomado por asalto, igual que los sentimientos al espíritu. Si pudiera vaciarme de pensamientos, nadar, caminar…

Pero no. Suaves toques de piano surgen del ruido de la espuma. Personas, secuencias, tramos de caminos, patios nocturnos, calles sucias, pantallas, fotos blanco y negro, todo va apareciendo en prolijo desorden.

Seres que me hablan, aún, entre nubes de humo en noches de rock, en asientos de tren a las dos de la mañana, en carpas bajo lengas en el sur, en hoteles con ratas de Buenos Aires. Voces en la villa miseria de Retiro, caminando entre charcos, con vista al Sheraton. Voces en medio del silencio de la demolición, los pies en los escombros de la futura 9 de julio. Voces en el trágico final del Huevo de la Serpiente, en un cine de Libertad. Voces en hoteles baratos de Avenida de Mayo o en lentos trenes rumbo a las montañas.

Personas que salen de la nada, como si vinieran de un sueño, y se sientan a tomar mate, a escuchar Bill Evans o el Blues de Cris, a hablar de poesía, de montañas y de guerras. Gente que viaja y escribe en pequeñas Olivetti , que atesora cassettes con grabaciones piratas de recitales, que cuida , regala o pierde innumerables discos de vinilo . Que deambula por Corrientes y se detiene en La Giralda, que obsequia sus escritos oliendo a Rotaprint . Gente sin plan, sin discursos, que tiene visiones, que siente el impulso de arrojarse a las estrellas desde el puente de un río. Hacia abajo. Y lo hace. Y vive. Gente que es tragada por la tierra, por los abismos. Gente que desaparece entre fantasmas que aparecen. Gente que a veces muere, o anda en nubes altas que a veces bajan. Gente de distintas ciudades, viajeros de trenes sucios , pilotos de destinos comunes buscando tesoros en los resquicios del asfalto. Sin mapas, sin información satelital ni servicios de inteligencia, sólo el corazón emitiendo frecuencias notoriamente discordantes e inexplicablemente fuera de ritmo de los semáforos. Ondas de intercomunicación de una suerte de tribu cuyos integrantes viven desperdigados por los barrios y ciudades. Y en determinadas circunstancias inexplicables, se movilizan hacia imprevistas y extrañas reuniones en las que no se promueve la venta de nada, no se dan premios ni medallas ni se dicen discursos, arengas o consignas.

Poetas, músicos, dibujantes que hacen diez, cien, mil kilómetros para encontrarse en un Once angustiante, o en plazas mágicas o tenebrosas, o en Corrientes y Talcahuano, en medios días grises, esquivando, a veces enfrentando las piedras filosas y viejas del hastío mundano. Humo. Recuerdos. Café. Abruptos encuentros casuales en bocas de Subte , improvisados u organizados recitales de poesía, intercambio de papeles , mensajes, copias, direcciones, teléfonos.

Puedo ver largas filas de mesas vacías en bares de Buenos Aires y recordarlas repletas de cerveza, tintineos de vasos, risas, algunas notas de guitarra. Y poemas.

Hay que saber pisar la espuma del mar. Dejarse envolver por la playa, mirar el horizonte, oler y saborear la sal ancestral. Escuchar el mar. Tiene historias ocultas, jeroglíficos, mensajes en código. Afortunadamente, incomprensibles.


José Luis Lucá 1997

domingo, 25 de febrero de 2007

HAMBIENTOS Y ALOCADOS (STEVE JOBS)

Steve Jobs: “Manteneos hambrientos, manteneos alocados”

Texto de la conferencia que dio Steve Jobs, Director Ejecutivo de Apple Computer y Pixar Animation Studios, el 12 de Junio de 2005 en la Ceremonia de Graduación —Commencement— de Stanford.

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.
Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.
No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.
Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.
Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.
Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.
Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.
Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.
Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Seguid hambrientos. Seguid alocados.

Muchísimas gracias a todos.

ENERGIA LOCAL, PODER LOCAL

Winona LaDuke
Yes Magazine

"Nosotros creemos que el viento es wakan, un poder sagrado y grande," explica Pat Spears, desde su casa en la reservación Lower Brule de Dakota del Sur. Pat, presidente del Consejo Inter-tribal Sobre Política de Servicios Públicos, es un gran tipo de ancha sonrisa. "Nuestras abuelas y abuelos siempre nos han hablado de eso, y lo reconocemos."

Los Lakota, como otros pueblos nativos, han hecho las paces con el viento, reconociendo su poder en el cambio, históricamente y en la actualidad. Alex White Plume, presidente de la Nación Lakota Oglala, se hace eco de las palabras de Spears, hablando sobre tate como el poder del movimiento y la transformación, un mensajero para los rezos del pueblo Lakota.

En verdad, éste es un tiempo de cambios, provocados por los precios en alza del petróleo y el desmoronamiento de la infraestructura. Los pueblos nativos tienen un ojo en el horizonte, donde las turbinas eólicas, paneles solares, y un movimiento para el control local de la energía se están alzando. Éste es un movimiento, no sobre la tecnología y los aparatos, sino más bien sobre cómo debiera ser el futuro. ¿Será centralizado, con las necesidades de la vida llegando desde muy lejos, o tendrá alimentos locales y energía local? Se trata de un movimiento que se encuentra en los vientos que barren las reservaciones y ranchos de las Grandes Planicies, en el sol que cocina el Suroeste, y en los pastos y granos de las praderas. Todos estos recursos se adaptan por sí mismos a la producción de energía controlada localmente.

En los Estados Unidos, estamos perdiendo la canoa. La producción de energía centralizada basada en combustibles fósiles y recursos nucleares ha centralizado el poder político, desconectando a las comunidades de la responsabilidad y el control sobre la energía, y ha creado un vasto sistema despilfarrador.

La energía renovable, la cual posee el efecto opuesto, es la fuente de energía de más rápido crecimiento en el mundo. Y de acuerdo a Exxon, la energía es el mayor negocio del mundo. Así que considerar esta cuestión posee algunas consecuencias importantes.

Al fin y al cabo, los Estados Unidos se está perdiendo grandes oportunidades económicas. Cuando los Sioux de Rosebud quisieron construir un generador eólico, tuvieron que importar las piezas de la turbina desde Dinamarca, y ése es un largo camino.

Cuando George Bush puede decir en su discurso del Estado de la Unión que los Estados Unidos es adicto al petróleo, ya es tiempo de admitir que somos adictos a la energía. Los Estados Unidos, con sólo el 5% de la población mundial, consume un tercio de la energía del mundo. En los últimos 70 años, el mundo ha quemado el 97% de todo el petróleo alguna vez utilizado.

Hemos permitido que nuestras adicciones atropellaran nuestro sentido común y a una buena parte de nuestra decencia. Vivimos en un país con la disparidad de riqueza más grande entre ricos y pobres de cualquier nación industrializada. A medida que el precio de la energía se incrementa, los pobres son empujados aún más hacia los márgenes. La energía renovable es una manera de revertir esta tendencia. Necesitamos recobrar la democracia, y un elemento clave es democratizar la producción de energía.

Las energías alternativas representan una increíble oportunidad de reconstrucción social y política, con potencial para la paz, la justicia, la equidad, y alguna recuperación de nuestra dignidad nacional. La producción distribuida de energía, junto con la eficiencia, es la clave. De acuerdo al Departamento de Energía, despilfarramos hasta dos terceras partes de nuestra electricidad basada en combustibles fósiles como desperdicio; perdemos inmensas cantidades en producción ineficiente, calentamiento, y sistemas de transporte.

Debemos reducir nuestro consumo, luego crear sistemas de energía distribuidas, en donde las familias y los negocios locales puedan producir energía y vender el excedente a la red. La generación en relativamente pequeña escala y distribuida de energía eólica, solar, o incluso de biomasa, permite la producción al nivel local o tribal sin la necesidad de grandes inversiones ni grandes corporaciones. Esto, a su vez, permite una mayor medida de control y responsabilidad local — atributos que pertenecen en gran parte a la definición de democracia — y el reconocimiento de dónde estamos y a dónde necesitamos ir.

Algunos de los proyectos eólicos más grandes en el país están en Minnesota, donde las Planicies llegan al borde de los Grandes Bosques y los vientos barren la parte sur del estado. El financiamiento para las programas de energía renovable de Minnesota es en gran parte el resultado de una batalla duramente ganada en la legislatura de Minnesota contra un vertedero de basura nuclear adyacente a la reservación Prairie Island Dakota. Las preocupaciones de la tribu sobre los efectos en la salud provocados por la basura nuclear cercana a su comunidad llevaron a la legislación del estado a requerir una inversión significativa en energía renovable, lo cual a su vez llevó al desarrollo eólico.

En otros sitios, los pueblos indígenas tenemos en nuestros territorios cuatro de las diez minas de carbón a cielo abierto más grandes de la nación; hemos sido inundados y ahogados por proyectos de represas tales como Pick Sloan (cuenca del Río Missouri), James Bay, Kinzua, y Río Columbia; y hemos sido irradiados por minas de uranio y vertederos de basura nuclear propuestos en las comunidades Shoshone Occidental y Goshute. Las comunidades nativas están listas para un cambio.

Tate - Los Vientos del Cambio
El viento no para de soplar en la reservación de Sicangu Lakota en Rosebud, en lo que se denomina Dakota del Sur. Esta reservación es considerada uno de los lugares más desafiantes en el país para montar un proyecto alternativo. A esta comunidad, hogar de la gente de Caballo Loco, nunca se le hicieron fáciles las cosas, y a lo largo de los años, su poder político y económico ha ido disminuyendo. Los políticos de Dakota del Sur cortaron pedazos de la reservación, grandes corporaciones productoras de porcinos detectaron la falta de regulaciones ambientales e intentaron mudarse dentro de la zona, y el aislamiento geográfico contribuyó a que la comunidad pudiera fácilmente convertirse en una presa económica para la sociedad mayor.

Por estas razones el proyecto eólico de la tribu de Rosebud — una turbina de 750 kilowatts ubicada detrás del pequeño casino tribal — es admirable. Más allá de inmensos obstáculos burocráticos — la "cinta blanca" tan común en las reservaciones — y la ausencia de grandes campañas políticas o financieras, nació la Autoridad Tribal de Servicios Públicos de Rosebud.

Los defensores tribales como Bob Gough, abogado para la gente de Rosebud y los sucesores de Caballo Loco, y Tony Rogers, director de la Autoridad Tribal de Servicios Públicos de Rosebud, encontraron financiamiento para el proyecto, saltaron por encima de trampas regulatorias, y encontraron un mercado local en una de las muchas bases de la fuerza aérea existentes en Dakota. El proyecto, que ha generado electricidad por los últimos tres años, es ahora el prototipo para un proyecto más grande de 30 megawatts planificados para la reservación.

La realidad es que esta región de Norteamérica tiene más potencial para la producción de energía eólica que casi cualquier otro lugar en el mundo. Treinta y tres tribus indígenas tienen más de 300 gigawatts de potencial de generación eólica. Esto equivale a más de la mitad de la capacidad eléctrica instalada de los Estados Unidos. Estas tribus viven en algunos de los condados más pobres del país, aunque las turbinas eólicas que están colocando pudieran brindarle energía a EE.UU. — si tuvieran más mercados y acceso a las líneas de energía.

En el ámbito nacional, grupos tales como el Consejo Inter-tribal sobre Política de Servicios Públicos están trabajando con los líderes tribales para llevar más energía generada por el viento a la línea, y para gestionar el crecimiento de la próxima economía energética, un elemento crítico en la estrategia de desarrollo. Puede que las reservaciones indígenas sean los lugares más ventosos del país, pero las tribus aún están luchando para desarrollar los recursos financieros y técnicos y la infraestructura tribal requerida para realizar este potencial y mantener los puestos de trabajo y el control en la comunidad. Como explica Bob Gough, “En el negocio de la energía renovable, las tribus van a estar ya sea sobre la mesa o en el menú.” Quien controle la próxima generación de producción energética determinará en gran medida el éxito de la estrategia de energía renovable local.

Honor the Earth (Honrar la Tierra), una fundación nacional de nativos americanos, está trabajando con comunidades tribales en un número de estados para construir capacidad tribal local para la energía renovable. Las comunidades tribales están espiritual y socialmente alineadas con la necesidad de la "energía natural", en consonancia con los valores tradicionales. Honrar la Tierra se ha asociado con aliados como Solar Energy International (la Internacional de Energía Solar) para entrenar a la juventud nativa en dos proyectos separados en las cuestiones básicas de la generación de energía solar y eólica. Nuevos entrenamientos están planificados para la reservación Skull Valley Goshute (la cual estaba destinada a recibir el basurero nuclear de la planta de energía nuclear de XCEL en Prairie Island — hasta una reciente victoria) otras reservaciones Shoshone occidentales, y un proyecto en Chiapas.

En mi propia reservación, White Earth (Tierra Blanca), en el norte de Minnesota, estamos analizando una variedad de opciones energéticas: eólica pequeña, solar, conservación, y un proyecto comercial más grande de energía eólica. Tierra Blanca es la reservación más ventosa en el estado. Un plan energético tribal que completamos en la última primavera incluye trabajos que buscan la generación de 8 megawatts de energía eólica para proveer a las necesidades tribales, y para crear calefacción local y bio-combustibles (una planta de biodiesel se está discutiendo). Nuevas asociaciones con granjeros y comunidades están explorando el potencial para producir energía eólica comercial.

El realizar estos cambios siempre exige un paso a la vez. Pero los Pueblos Nativos tenemos en nuestras memorias tanto la la experiencia de la resiliencia como el amargo sabor de una economía energética que envenenó el agua y el aire. Alentados por la historia, un deseo de fortalecer nuestras prácticas culturales, y un agudo sentido del control local y de soberanía energética, las comunidades tribales estamos liderando el camino hacia la próxima economía energética.

Winona LaDuke, una Anishinaabe de la reservación Tierra Blanca, es Directora Ejecutiva de Honrar la Tierra, una organización nacional ambientalista de Indígenas Norteamericanos. Ella fue la candidata vicepresidencial para el Partido Verde en las elecciones de 1996 y 2000.