martes, 17 de abril de 2007

EL MOVIMENTO ECOCIUDADES/Herbert Girardet

El crecimiento urbano está cambiando la faz de la Tierra y la condición de la humanidad. En el último siglo, la población global urbana se ha expandido desde 1.500 millones hasta casi 3.000 millones. Para el año 2000, la mitad de la humanidad vivirá en ciudades, con gran parte de la otra mitad dependiendo de los mercados urbanos para su sobrevivencia económica. Las aglomeraciones urbanas y su utilización de recursos están llegando a ser la característica dominante de la presencia humana sobre la Tierra, cambiando profundamente la relación de la humanidad con el planeta y sus ecosistemas. ¿Será posible limitar el impacto de las ciudades sobre el ambiente global?. ¿Será posible limitar el tamaño de las ciudades en la era de la mega-ciudad?.

El tamaño de las ciudades modernas, en términos de números tanto como en escala física, es sin precedentes: en 1800 había sólo una ciudad de un millón de personas -Londres. En ese tiempo, las cien mayores ciudades del mundo tenían un total de 20 millones de habitantes, con cada ciudad extendiéndose normalmente sólo unos pocos miles de hectáreas. En 1990, las cien ciudades mayores del mundo acomodaban a 540 millones de personas, de las cuales 220 millones vivían en las 20 mega-ciudades de más de 10 millones de personas, extendiéndose a cientos de miles de hectáreas. Adicionalmente, habían 25 ciudades de más de 5 millones, y cientos de más de 1 millón.

Estamos tratando con una nueva realidad. Las mega-ciudades dependen de mega-estructuras que tienen poco que ver con el mundo de "lo pequeño es hermoso" (N. Del T.: título de un libro clásico del Pensamiento Ecologista escrito por E. F. Schumacher). La urbanización a gran escala es un proceso esencialmente no sustentable (que es imposible que pueda permanecer en el tiempo). Esta incrementa grandemente el uso per cápita de combustibles fósiles, metales, madera y productos manufacturados, con grandes implicaciones externas ambientales. Diferentemente de la mayoría de los sistemas culturales tradicionales, los sistemas urbanos modernos dependen de un vasto sistema de líneas de suministros externos que vienen desde las áreas rurales y centros manufactureros, facilitadas por las infraestructuras del transporte global y las comunicaciones. Esto no es una cultura, o incluso una civilización, sino movilización -de personas, recursos y capital.

La gente de las ciudades a menudo tiene muy poca comprensión de su uso de recursos. La energía es un caso relevante. Cuando los habitantes de las ciudades piensan en el calor y en la luz, ellos normalmente no piensan en la leña, sino que encienden aparatos eléctricos o a gas -ellos están escasamente conscientes de las centrales energéticas, las refinerías o los campos de gas que los proveen de energía. Y ellos raramente reflexionan sobre los impactos del uso de la energía sobre el ambiente, porque ellos raramente los experimentan directamente, excepto cuando ellos inhalan los humos de escape en una calle congestionada.

La demanda de energía define a las ciudades modernas más que cualquier otro factor. La mayor’a del tráfico por rieles, caminos y aeroplanos ocurre entre ciudades. La mayoría de las actividades urbanas depende de los combustibles fósiles -los usamos para calefaccionarnos, para refrescarnos, para iluminarnos o para suministrarnos bienes y servicios. Sin el uso rutinario de los combustibles fósiles, las mega-ciudades de 10 millones de personas o más no habrían sido posibles. Nunca ha habido una ciudad de más de 1 millón de personas no manejada con carbón, petróleo o gas. Pero hay un precio que pagar: no sólo el aire contaminado es una amenaza constante en las ciudades, sino que la mayor parte del incremento del dióxido de carbono en la atmósfera es atribuible a la combustión en o a favor de las ciudades. Aún así, la mayoría de la gente de las ciudades encuentra difícil hacer la conección.

El suministro de la alimentación urbana es otro caso relevante. La experiencia directa de cultivar alimentos está grandemente ausente en la vida urbana. La gente cosecha en los supermercados, y la mayor parte de la gente ha llegado a esperar que el alimento se le sirva empacado y etiquetado para su fácil reconocimiento. Como "gente de la ciudad", son difícilmente conscientes de los impactos del consumo de alimentos en la fertilidad de la tierra de cultivo de las granjas que los proveen, a menudo desde un lugar distante.

Los niveles de vida urbanos han llegado a ser la norma también en el campo. Cuando ponemos alimento empacado en un carro de supermercado, somos alegremente inconscientes de que la humanidad usa ahora casi la mitad de la producción primaria neta mundial de la fotosíntesis de las plantas, y de que la mayoría de é4sta es utilizada por la gente de las ciudades. Nuestro sistema de conocimiento falla al no informarnos que la especie humana está cambiando nada menos que el modo en que funciona "la red de la vida" sobre la misma Tierra : de las geográficamente esparcidas interacciones de miríadas de especies vivientes, a las cuales las culturas locales están íntimamente conectadas, a un conjunto de concentrados centros urbanos en los que una especie, la humanidad, succiona recursos de todas partes del mundo. Las ciudades de hoy ocupan sólo el dos por ciento de la superficie sólida terrestre y, aún así, ocupan más del setenta y tres por ciento de los recursos del mundo.

Deduciendo del trabajo de William Rees y Mathias Wackernagel, yo he examinado la "huella ecológica" de Londres -esto es, la superficie de tierra requerida para alimentarla, para suministrarle productos de madera y para reabsorber su producción de CO2 (dióxido de carbono). En total, ésta se extiende a 125 veces el propio territorio de Londres de 390.000 acres (156.000 hectáreas), es decir, a casi 50 millones de acres (20.000.000 de hectáreas).

Con sólo el doce por ciento de la población de Inglaterra, Londres requiere el equivalente a la totalidad de la tierra productiva de Inglaterra. En realidad, esta superficie de tierra, por supuesto, se extiende a lugares esparcidos por el planeta, tales como las praderas de trigo de Kansas, los campos de poroto soya del Mato Grosso, los bosques de Canadá, Escandinavia y el Amazonas, y las plantaciones de té de Assan y Mount Kenya. Pero esta dependencia global de los Londinenses nunca ha sido un gran tema. El alimento está allí para ser disfrutado. El impacto ambiental del suministro de alimentos, incluyendo la energía usada para producirlos y distribuirlos, raramente se discute.

Lo mismo se aplica al metabolismo. Como otros organismos, las ciudades tienen un metabolismo definible. El de los poblados y ciudades tradicionales se caracterizaba por las interacciones entre densas concentraciones de personas y sus territorios locales circundantes, con los sistemas de transporte y producción centrados en la fuerza muscular. Más allá de sus perímetros, los asentamientos tradicionales estaban normalmente rodeados por anillos concéntricos de granjas comerciales, bosques, quintas de árboles frutales y tierras de cultivo y pastoreo para uso de la gente de los poblados. Hoy en día, la agricultura urbana aún vive bien en las ciudades de muchos países. En las ciudades Chinas, por ejemplo, la gente aún practica devolver los excrementos a las tierras de cultivo locales para asegurar cosechas sostenidas de cultivos. Las ciudades Chinas administran tierras de cultivo adyacentes y pretenden ser autosuficientes en alimentos gracias a éstas.

El metabolismo de muchas ciudades tradicionales era circular, mientras que el de la mayoría de las ciudades "modernas" es lineal. Los recursos son succionados y hechos pasar a través del sistema urbano, sin mucha preocupación por su origen y por el destino final de los desechos.

Las entradas y salidas de los sistemas urbanos actuales son tratadas en gran parte como no relacionadas. Los sistemas contemporáneos de alcantarillado son un ejemplo principal. Ellos tienen la función de separar a las personas de sus desechos corporales. Las aguas cloacales, tratadas o no tratadas, son descargadas en los ríos y en las aguas costeras corriente abajo de los centros urbanos, y su inherente fertilidad se pierde para las tierras de cultivo del mundo. Hoy en día las aguas costeras en todas partes están contaminadas, ya sea por las aguas cloacales y los efluentes tóxicos, como por el escurrimiento de los fertilizantes que son aplicados a las tierras de cultivo. Este circuito abierto es totalmente insustentable.

El sistema metabólico lineal de la mayoría de las ciudades es profundamente diferente del metabolismo propio de la Naturaleza, el que puede ser semejado a un gran círculo; cada desecho de un organismo es también un recurso que renueva y sustenta a la totalidad del ambiente vivo. Los planificadores urbanos necesitan estudiar la ecología de los sistemas naturales. En un planeta predominantemente urbano, las ciudades necesitan adoptar sistemas metabólicos circulares para asegurar su propia sustentabilidad y la viabilidad de los ambientes de los que dependen. Los desechos urbanos necesitarán ser mirados como potenciales recursos para los sistemas de producción urbana, con reutilización rutinaria y reciclaje de papel, metales, plástico y vidrio, y compostaje de los materiales orgánicos, para su reutilización en tierras de cultivo locales.

Los efectos del uso urbano de recursos también necesitan ser mejor entendidos. Los 1.6 millones de habitantes de Viena, cada día incrementan el peso real de la ciudad en algo de 25.000 toneladas. Mucho de este peso es material relativamente inerte, tal como concreto y pavimento. Otras sustancias, tales como metales pesados, tienen efectos tóxicos cuando se escurren hacia el ambiente local. Los nitratos, fosfatos o hidrocarbonos clorinados se acumulan en los cursos de agua y en los suelos locales, con consecuencias aún desconocidas para los futuros habitantes.

Estos temas necesitan ser tratados po la política nacional y urbana, para establecer nuevos modos de ingenierar y ajustar nuestras ciudades. Ellos también necesitan ser tratados en un nivel más sutil. Nuestra separación de los sistemas naturales y nuestra falta de experiencia directa del mundo natural es una realidad peligrosa, ya que reduce nuestra comprensión de nuestro¨impacto, y de los modos en que podemos reducirlos.

¿Pueden las ciudades mantener su nivel de vida, a la vez que refrenar su impacto ambiental local y global?. Es evidente que ciudades de tamaño similar están satisfaciendo las necesidades de sus habitantes con un transflujo (N. Del T.: el paso de materiales y energía a través de un sistema) grandemente variante. Muchas ciudades pueden reducir masivamente su uso de recursos, manteniendo un buen nivel de vida, mientras crean los muy necesarios empleos locales en el proceso. Hay ciudades en el Norte del planeta que tienen un mucho menos impresionante registro de huella que muchas en el Sur.

¿Cómo puede la gente de las ciudades mejorar su comprensión del impacto causado por su estilo de vida?. ¿Pueden las grandes ciudades modernas adoptar sistemas de produción y evacuación de desechos locales frugales y autorregulados?. ¿Cómo puede el crecimiento de las ciudades ser mantenido bajo control?.

Responder estas cuestiones puede ser crítico para el bienestar futuro de la biósfera, tanto como para el de la humanidad misma. El mantener enlaces estables entre las ciudades y sus territorios circundantes -locales y globales- es una tarea nueva para los políticos, los administradores, la gente de negocios y la gente en general de las ciudades, requiriéndose nuevos enfoques para la gestión urbana. Muchos de los mayores problemas ambientales del mundo serán sólo resueltos si la gente de las ciudades conceptualiza nuevos modos de manejar sus ciudades. Algunas ciudades ya han hecho de la circularidad y la eficiencia en el uso de los recursos una prioridad cumbre. Pero mucho más falta por hacerse.

Dado que la fisiología de las ciudades modernas se caracteriza comunmente por un uso rutinario de combustibles fósiles, un tema importante es si la gente verá el potencial de las nuevas, eficientes y limpias tecnologías energéticas para energizar sus ciudades, tales como los sistemas de calor y energía combinados, las técnicas de circulación de calor solar y los módulos fotovoltáicos.

Para hacer a las ciudades más sustentables, se requiere una entera nueva serie de iniciativas. Por ejemplo, la agricultura urbana, si se desarrolla bien, podría hacer una contribución significativa para alimentar a las ciudades y proporcionar modos de subsistencia a la gente. Un libro reciente llamado Agricultura Urbana prueba el punto: "El censo de Estados Unidos de 1980 encontró que las áreas urbanas metropolitanas produjeron el 30% del valor en dólares de la producción agrícola de Estados Unidos.

En 1990 esta figura se había incrementado a un 40% . Singapur produce el 25% de sus necesidades de vegetales. Dar-es-Salaam, una de las grandes ciudades del mundo de rápido crecimiento, ahora tiene el 67% de sus familias dedicadas a los cultivos, comparado con el 18% de 1967. El 65% de las familias de Moscú está comprometida en la producción de alimentos, comparado con el 20% de 1970. Hay 80.000 horticultores comunitarios cultivando en tierra municipal en Berlín, y una lista de espera de 16.000".

La agricultura urbana es sólo un aspecto de un estilo de vida urbano más sustentable. La gente de las ciudades necesita formular prioridades culturales, dándole a las ciudades la oportunidad de hacer realidad su pleno potencial como centros de creatividad, educación y comunicación. Las ciudades no son sino centros de conocimiento, y hoy en día esto también significa conocimiento sobre el mundo y nuestro impacto sobre él. El reducir los impactos urbanos es tanto un tema de un mejor uso de la tecnología como de educación y diseminación de información.

Actualmente las ciudades no son centros de civilización sino de movilización de personas y bienes de consumo. Necesitamos revivir la visión de las ciudades como lugares de convivialidad y menos movilidad. Esto significa revivir estilos de vida más locales dentro de las ciudades mismas, focalizándose en el concepto de "aldea urbana" dentro de la ciudad, donde la vida comunitaria pueda ser una realidad. Se necesita una visión más calma y más serena de las ciudades para ayudarlas a hacer realidad su verdadero potencial como lugares no sólo del cuerpo, sino también del espíritu.

El futuro de las ciudades depende crucialmente de la utilización del rico conocimiento de su gente, y eso incluye el conocimiento ambiental. Los sistemas de comunicación urbana tienen un papel particularmente importante que jugar en ayudar a la gente de las ciudades a entender su impacto y efectuar los necesarios cambios en el modo en que manejamos nuestras ciudades. En el futuro, las ciudades necesitarán desarrollar estrategias comunicacionales para capacitar a las personas a confrontar los impactos globales de su poder económico y sus hábitos de consumo. La gente de las ciudades necesita nuevos canales comunicacionales que mejoren su toma de decisiones, concerniendo particularmente al impacto de su estilo de vida. Aquí podemos aprender mucho de las metodologías de consulta cultural practicadas por las culturas tradicionales, las que realizan reuniones regulares en las aldeas para estimar su impacto en el ambiente local.

Las ciudades para un nuevo milenio pueden ser eficientes en el uso de recursos, amigables para la gente y culturalmente ricas, con democracias activas que aseguren el mejor uso de las energías humanas.

El desarrollo urbano Eco-amigable puede bien llegar a ser el mayor desafío del siglo veintiuno, no sólo para el autointerés humano, sino también para crear una relación sustentable entre las ciudades y la biósfera. En ultimo término, aquello no puede ser hecho sin cambiar el sistema de valores que apuntala a nuestras actuales ciudades. A fin de cuentas, es sólo un profundo cambio de actitudes, un cambio espiritual y ético, lo que puede asegurar que las ciudades lleguen a ser verdaderamente sustentables.


Herbert Girardet recibió el premio "Global 500" de las Naciones Unidas y es co-presidente de la Schumacher Society de Inglaterra (Website: www.oneworld.org/schumachersoc). Es autor del libro sintético "Creating Sustainable Cities" (1999) publicado por la misma sociedad. Puede encargarse a Green Spirit Books - Website: www.greenspirit.org.uk/books - Texto aportado por ECOVISION (Chile).